El aprendizaje de inglés y la interacción con las emociones: ¿Qué sienten los alumnos cuando aprenden? 

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A manera de introducción considero que es muy importante explicitar que los estudiantes expresan sus emociones a través de su lenguaje verbal y no verbal en el aula y que las emociones positivas o negativas pueden surgir de la propia dinámica de nuestras clases. En nuestro quehacer didáctico, si queremos orientar la enseñanza en un sentido activo, dinámico, de curiosidad, investigación, desafío y responsabilidad, los profesores podemos aprender a percibir las emociones de nuestros alumnos para intentar ayudarlos.

Si comprendemos nuestras propias emociones y las de los demás tendremos mejores posibilidades de lograr que nuestros estudiantes superen obstáculos, enfrenten contratiempos y aprendan a tolerar las frustraciones. Por ejemplo, al observar señales de angustia, desagrado, miedo, enojo o tristeza podremos emplear recursos y herramientas para responder y actuar adecuadamente en el momento, o bien incorporar secuencias didácticas que contemplen las emociones como contenido específico o transversal.

A modo de ejemplo, hace poco incorporé la gamificación en el aula de inglés para generar emociones positivas y situaciones creativas e innovadoras. Gamificar, que no es jugar en el aula todo el tiempo sino incorporar mecánicas, dinámicas y técnicas provenientes del mundo de los videojuegos en la clase, aunque claro que también es jugar, hizo que surgieran cataratas de alegría cuando festejamos un acontecimiento, resolvimos un desafío o exteriorizamos el éxito obtenido enérgicamente con risas y bullicio, además de muchos movimientos con las manos y el cuerpo. Realmente hay que estar prevenidos y preparados.

Creo que a veces las emociones positivas se contagian rápidamente como cuando cantamos el feliz cumpleaños y los alumnos de todas las edades aprenden mejor cuando logramos promover una atmósfera de alegría y confianza para que la clase se transforme en algo deseado y esperado por ellos, quitándole muchísimo margen al aburrimiento y a la falta de entusiasmo que suelen ser contraproducentes a la hora de enseñar y aprender. También es por ello que año tras año incorporo algunas pautas importantes para la gestión emocional como las que desarrollaré a continuación:

Objetivos a alcanzar

No importa si quienes aprenden son niños, adolescentes o adultos, todos necesitamos conocer los motivos y razones para enseñar o aprender un idioma: ¿qué queremos lograr? Dialogar y hacer planes juntos a corto, mediano y largo plazo IMAGINANDO situaciones posibles y reales del uso del idioma nos ayudará a involucrarnos mucho más en la tarea y a seguir de cerca el cumplimiento de los objetivos. Me ayuda mucho trabajar el programa anual como una hoja de ruta con objetivos que podemos repasar de forma muy frecuente.

Saberes previos e intereses

Intento explorar los intereses y conocimientos previos de los alumnos para despertar primero el interés por los TEMAS antes que por el uso del idioma. En nuestra vida cotidiana o en el trabajo primero necesitamos cierta exposición a un tema para lograr intercambios más significativos y enriquecedores. Cuando hablemos sobre naturaleza, deportes, viajes, libros, moda, arte, música, series y películas, podcasts, tecnología, no podremos evitar la exteriorización de ciertas emociones. Hay temas que nos alegrarán, aburrirán o enojarán…

Experiencias reales

Cuando orientamos la enseñanza hacia experiencias reales las clases se vuelven más dinámicas. Por ejemplo, no es lo mismo escribir un correo para enviarlo a una persona REAL que redactarlo para una persona ficticia. Si lo pensamos desde las emociones, seguramente el desafío de participar de una experiencia real generará una experiencia diferente. El progreso es más rápido cuando hay objetivos bien definidos que nos invitan a trabajar y a comprometernos en actividades individuales y colectivas propias del mundo globalizado.

Integración de las habilidades básicas lectura, escritura, escucha y habla

Las actividades para la comprensión lectora y la escritura nos centran más en la incorporación de la gramática y el vocabulario. En cambio, la lectura en voz alta y la escucha frecuente, además de permitirnos explorar temas interesantes, nos ayudarán a mejorar el habla y la escritura por EXPOSICIÓN al idioma. Los estudiantes a veces se inclinan más por unas que por otras pero lo ideal es planificar su práctica por igual centrándonos en cada tema o unidad del programa escolar.

Usar internet

Creo que en el aula de inglés me resulta particularmente útil usar internet con frecuencia. Trato de incorporar todos los dispositivos electrónicos a disposición. Mis alumnos, por ejemplo, consultan algunos diccionarios EN LÍNEA que incluyen los significados en inglés americano e inglés británico y que les permiten escuchar la pronunciación, ampliar el vocabulario mediante sinónimos, encontrar frases de ejemplo y traducir el vocabulario del inglés al español. También usamos ‘anti-diccionarios’ de inglés con términos que no aparecen registrados de manera oficial: expresiones coloquiales y jerga de la vida cotidiana.

Opciones para la evaluación

Brindar opciones hace que los alumnos se sientan parte del proceso de enseñanza. Podemos preguntarles si prefieren trabajar individualmente o en grupos, si quieren hacer una presentación o resolver un cuestionario de evaluación para demostrar cuánto aprendieron. Hay momentos en los que ellos mismos sugieren ciertas modalidades de trabajo y considero importante tenerlas en cuenta sin descuidar los objetivos de aprendizaje, dejando margen para fomentar la AUTONOMÍA y la libertad de acción en el aula.

Tratamiento del error 

Una parte importante de mi trabajo es estar atenta a los ERRORES de mis alumnos, con el propósito, no de asignar notas bajas, sino para averiguar la causa de los mismos, es decir, si sus errores se deben a la distracción, a la falta de comprensión, a la falta de exposición y práctica o la falta de interés y dedicación. Los errores son alertas que debemos detectar y comunicar sin dejar que se conviertan en una fuente de angustia, estrés o temor. Es importante corregirlos y hacer que los alumnos participen con nosotros de la corrección.

Por último, hay una anécdota que cada tanto comparto con mis alumnos en la escuela:

Hace varios años una profesora tuvo un alumno de secundaria que no tenía miedo de equivocarse en las clases, hacía todas las tareas que ella llevaba al aula, no tomaba clases particulares y siempre le hacía muchas preguntas. Muchísimas. Ese alumno ansioso que conocía muy bien sus metas, aprendió todo lo que después necesitó para insertarse laboralmente en un entorno donde el inglés se convirtió en su herramienta de trabajo cuando apenas había terminado la escuela. Un día, varios años después, ese mismo alumno se acordó de su profesora de secundaria, la buscó en facebook y le envió un mensaje a través de la red social porque quería contarle que sus clases le habían servido mucho para conseguir un buen trabajo y para decirle GRACIAS por todo lo que me enseñaste. Siempre me acuerdo de las clases de inglés. 

 Angela Luna. En 2006 me gradué como Profesora en Lengua y Literatura Inglesa y en el 2008 como Traductora Pública Nacional en Inglés por la misma universidad. Actualmente me desempeño como profesora de inglés y, entre otros proyectos, me dedico a colaborar en espacios educativos. Recientemente, he finalizado varios cursos y seminarios de posgrado en temas de educación como la Formación en Liderazgo Educativo de la Primera Cohorte de la Fundación Cambiar es Posible en Latinoamérica (CEPLA) en el 2021 y una certificación como Mediadora Voluntaria por el Centro de Mediación del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires en el 2022.

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