La república de la opinión. Poder político y sociedad civil de Buenos Aires entre 1852 y 1861

Revista de Indias, 1997, vol. LVII, núm. 210. Primera Parte

Tradicionalmente los estudios sobre el sistema político moderno en la Argentina han subrayado su carácter aristocrático, sugiriendo la existencia de un «divorcio» entre poder político y sociedad civil. En este artículo se critica esa interpretación, subrayando la importancia adquirida por el consenso de la opinión pública en la producción de un nuevo sistema de legitimación entre 1852 y 1861. Desde los inicios de la vida independiente a orillas del Río de la Plata, el gobierno de las sociedades post revolucionarias constituyó un problema de difícil solución para pensadores y políticos. Natalio Botana afirma que la caída del principio monárquico, planteó la necesidad de construir un nuevo orden político y una «legitimidad de reemplazo»^ urgencia que no sería sin embargo satisfecha durante largo tiempo: según coinciden los estudios disponibles, el catártico reacomodamiento de círculos y facciones políticas operado propendería, en cambio, a profundizar la anarquía y la fragmentación intestinas durante la primera mitad del siglo XIX argentino.
Esos tiempos oscuros albergarían un paciente ejercicio de reflexión, profundizado a la sombra del despotismo rosista^.
Romero ha subrayado la influencia del pensamiento social francés en los jóvenes de la generación del «37, favoreciendo la elaboración de una lectura superadora sobre el drama político nativo que incorporó
una marcada preocupación por la relación entre élites políticas y sociedad civiP. En su opinión, una crítica irreverente sobre la acción de la primera generación de unitarios les conduciría a identificar
en el exclusivismo social practicado una de las claves fundamentales para la instalación del orden rosista»^. También para Ricaurte Soler^ esa dimensión social habría constituido la diferencia fundamental entre el Romanticismo y la Ideología rivadaviana, compartiendo por lo demás un horizonte de valores y principios políticos similares. Por último, para Tulio Halperín Donghi^, ese correlato era confirmado por el juicio de Juan Bautista Alberdi —vocero en este caso de una opinión compartida dentro del grupo—, prescribiendo la producción de un amplio consenso social como condición sine qua sistemática y clausura de las libertades públicas, que obligó al conjunto de la oposición a
marchar al destierro en otros estados americanos. Su mandato concluyó con la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, a manos de su antiguo lugarteniente y gobernador de la provincia de Entre Ríos, Gral. Justo José de Urquiza quien, tras romper sus vínculos con Rosas, consiguió organizar un fabuloso ejército de 25.000 efectivos -conocido como el Ejército Grande Aliado de América del Sur- con la colaboración del Imperio del Brasil, el gobierno de la Banda Oriental y los exiliados argentinos.
3 La denominada generación del ’37 estaba compuesta por jóvenes liberales, fuertemente influenciados por el romanticismo europeo, que intentaron legitimar su lugar como intelectuales y publicistas en el marco del régimen rosista. Sin embargo, tanto la escasa permeabilidad del gobernante a sus propuestas como el endurecimiento de la política de represión les condenó a un inmediato exilio, que se extendería en general hasta la caída del régimen. Sin embargo, a sus miembros se debe la mayor parte de la proyectualidad política puesta en práctica a partir de 1852. Cnf.: José Luis ROMERO: Las ideas políticas en la Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura económica, 1975, pp. 129 y ss.
^ El partido unitario se identificó a partir de la década de 1820 con el ideario liberal, por oposición al federal, que respondería a tendencias más conservadoras y clericales. La primera generación de unitarios, designada como «rivadaviana» o la «ideología», tuvo su expresión durante la gestión pública de Bemardino Rivadavia, entre 1821 y 1827, y se caracterizó por el impulso de una política progresista de transformación plenamente capitalista
de la sociedad, a partir de una fuerte concentración del poder político en manos de una élite ilustrada, firmemente resistida por las provincias. La del ’37 constituyó la segunda generación de unitarios, fuertemente crítica de la anterior, a cuyo exclusivismo social adjudicaba su fracaso.
5 Ricaurte SOLER: El positivismo argentino y Buenos Aires, Paidós, 1968, pp. 143 y ss.
6 Tulio HALPERÍN DONGHI: «Liberalismo argentino y liberalismo mexicano: dos destinos
divergentes», en: el espejo de la historia, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1987, p.
158./?./., 1997, n.° 210. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeindias.revistas.csic.es non para la consolidación del orden político, exhibiendo para ello como ejemplo más contundente al propio régimen encabezado por el Restaurador de las Leyes^.
Esta perspectiva no sería modificada durante los largos años de exilio. Más aún, el paso del tiempo habría de morigerar, incluso, la matriz sistemáticamente negativa de la propaganda anti-rosista.
Después de todo, afirma Tulio Halperín Donghi, «(•••) Rosas había enseñado a los argentinos a obedecer (…) (imponiendo una) despolitización disfrazada de rabiosa politización (…)»^, logro que no dejaba de despertar la admiración de Juan Bautista Alberdi^ y Domingo Faustino Sarmiento^^, contestes en celebrar el fin de uno de los comportamientos más difundidos y nefastos para la cristalización del orden político, y precondición expectable para el abordaje definitivo del sendero del progreso. Esta revalorización, que condujo al primero a lamentar, incluso, la imposibilidad de integrar de manera subordinada al caudillo de Palermo en un proyecto liberal, encontraría en el pragmatismo del segundo una pretensión a simple vista más promisoria: la de heredar el sistema establecido, despojándolo de su figura rectora.
Para su decepción, la batalla de Caseros desmentiría tales previsiones, significando tanto la caída del líder federal cuanto el derrumbe del orden político cuidadosamente labrado. Una vez más, la construcción de un sistema político dotado de legitimidad suficiente y la producción de un consenso indispensable entre gobernantes y gobernados que le sirviera de base volvían a componer ese desafío periódicamente renovado en la breve historia nacional. Sin embargo, en este momento resultaba posible comprobar un rasgo original: una larga experiencia teórica y práctica, enriquecida por las profundas reflexiones elaboradas a través de diversos destinos de exilio, prometía sumarse al evidente hastío de élites y poblaciones exhaustas «^ Título asignado por la Legislatura de Buenos Aires a Juan Manuel de Rosas, en 1830.
8 Tulio HALPERÍN DONGHI: Proyecto y construcción de una nación, Caracas, Biblioteca
Ayacucho, 1979, p. 55.
9 Juan B. ALBERDI: «La República Argentina 37 años después de su Revolución de
Mayo», en: Obras completas, T. K, Buenos Aires, La Facultad, 1920.
10 Domingo F. SARMIENTO: Facundo, Buenos Aires, Ed. Kapelusz, 1970.
»’ T. HALPERÍN DONGHI,: [8], p. 76. /?./., 1997, n.° 210
(c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeindias.revistas.csic.es luego de largas décadas de violencia, potenciando las expectativas
de obtención de una solución definitiva.
Sin embargo, pese al éxito alcanzado por el proceso de organización del sistema político modemo durante la segunda mitad del siglo XIX, las interpretaciones canónicas reiteradamente impugnaron su correspondencia con aquella combinación entre autoridad, legitimidad y consenso juzgada indispensable por sus contemporáneos. La
historiografía institucional, denunció reiteradamente la «enfermedad endémica» del sistema político modemo argentino, esto es, su grosera ilegitimidad, al menos hasta la aplicación de Ley Sáenz Peña, sancionada en 1912, la cual garantizó el sufragio publico, secreto y obligatorio de los adultos nativos y nacionalizados. En tal sentido, los
estudios coincidieron en diseccionar la patología del sistema electoral precedente, alegando que el ejercicio constante del fraude y la violencia política habría conducido a un bloqueo del espacio de la ciudadanía^^,
favoreciendo de este modo la conformación de una verdadera «república aristocrática», en la cual una élite autodesignada legitimaba su derecho a gobernar en base a su mayor competencia^^.
Una segunda interpretación, sostenida por la escuela germaniana, ha subrayado —si bien haciendo hincapié sobre todo en la etapa posterior a 1880— el carácter excluyente de un sistema político que sólo convocaba a las urnas a un 2 ó 3% de la población. Más aún, al identificar como indicador de la partipación política al acto de sufragar,
concluía por sancionar un verdadero divorcio entre sociedad civil y poder político, al menos hasta la modificación de la legislación electoral señalada. a producción histórica reciente ha puesto en cuestión tales juicios,
adoptando para ello enfoques innovadores. Por ejemplo, Hilda

Bibliografía.

José Luis í Natalio R. BOTANA: La tradición republicana, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1984, p. 8.
2 Juan Manuel de Rosas gobernó la provincia de Buenos Aires entre 1829-1832 y 1835-1852, imponiendo su hegemonía sobre el resto del territorio nacional. Su gobierno, de tono conservador, adquirió características despóticas, impulsando una política de represión (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas
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2 Al respecto, ver: Ricardo LEVENE (dir. gral.): Historia de la provincia de Buenos Aires y la formación de sus pueblos. La Plata, Taller de Impresiones Oficiales, 1940. Esta interpretación sería compartida por un heterogéneo conjunto de autores, como por ejemplo: Miguel Ángel CÁRCAMO; Saenz Peña. La revolución por los comicios, Buenos Aires, EUDEBA, 1977; A. DÍAZ DE MOLINA: La oligarquía argentina, Buenos Aires, Ed.
Pannedille, 1972, 2 t.; Carlos R. MELÓ: LOS partidos políticos argentinos, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1970; Leonardo PASO: Origen histórico de los partidos políticos/1, Buenos Aires, CEAL, 1988.
*3 Osear TERÁN: «El liberalismo argentino», en: Punto de Vista, núm. 50, Nov. 1994, pp. 28-29.
‘4 Gino GERMANI: Política y sociedad en una época de transición, Buenos Aires, Paidós,1968.R. L, 1997, n.° 210
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Acerca de Alberto Lettieri 26 Articles
Es Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires e Investigador Independiente del Conicet, en el IELAC/FCS /UBA.Ha sido Director Académico del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, 2012-1015. Director de las Diplomaturas Historia Argentina. Inst. Dorrego-Museo de los Trabajadores Eva Perón, La Plata, 2015 y Historia Argentina en Latinoamérica, Instituto Dorrego-Ministerio de Gobierno de la Provincia de Mendoza, 2013-2014. Co-Director: Especialización en Historia Política Argentina, UCES, 2014-1015. Director: Especialización en Historia Argentina y Latinoamericana, FFyL/UBA, 2006 y Director: Área Problemática del Mundo Actual, UAI, 2005-2008. Es Profesor titular regular UBA de las materias: Historia de los Sistemas Polìticos y Historia Argentina II Facultad de Filosofía y Letras y de Historia Social General/Facultad de Ciencias Sociales, y Profesor Titular: Historia del Derecho, Universidad de Palermo Ha dictado mas de una veintena de cursos de doctorado y posgrado en diversas instituciones del paìs y de América Latina. Ha publicado editoriales en Miradas al Sur, Tiempo Argentino, Ñ, Pàgina 12, Veintitrés, La Gazeta de Tucumán, El Dìa de Mendoza, Infobaires 24 y actualmente en CadenaBA, y en diversos medios del paìs y del exterior. Ha conducido el programa Claves Para Construir la Otra Historia entre 2013 y 2015 por AM 740, y ha sido columnista de numerosos programas de Radio y Cable. Principales Libros Publicados: - La batalla cultural y la mirada de la historia, Ross, Rosario, 2014. - La historia argentina en clave nacional, federalista y popular, Norma/Kapelusz, Buenos Aires, 2013. - Problemática del mundo actual. Globalización y capitalismo, Universidad Abierta Interamericana, Buenos Aires, 2007. - Seis lecciones de política, Prometeo, Buenos Aires, 2da. Edición ampliada, 2007. - La construcción de la República de la Opinión. Buenos Aires en la década de 1850, Prometeo, Buenos Aires, 2006. - Discutir el presente, imaginar el futuro. La problemática del mundo actual, Edición ampliada, Prometeo, Buenos Aires, 2006, Director. - Industrialización y desarrollo.un acercamiento a los procesos económicos contemporáneos, Biblos, 2004, ISBN: 950-786-411-3, 220 pgs., Coautor. . - La civilización en debate. Historia contemporánea de las revoluciones burguesas al neoliberalismo, Eudeba, Buenos Aires, 2003. - La vida política. Armas, votos y voces en la Argentina del siglo XIX, F.C.E., Buenos Aires, Buenos Aires, 2003. (coordinador, con Hilda Sabato) - Política y sociedad: pensamiento clásic,o Ediciones del Signo, Buenos Aires, 2002. - Los tiempos modernos, Ediciones del Signo, Buenos Aires, 2001, (autor principal). - La República de las Instituciones. Proyecto, desarrollo y crisis del régimen político liberal en la Argentina en tiempos de la organización nacional, El Quijote, Buenos Aires, 2000. - La República de la Opinión. Política y opinión pública en Buenos Aires entre 1852 y 1862, Biblos, Buenos Aires, 1999. - Historia contemporánea. De la revolución inglesa a la actualidad, EUDEBA, Buenos Aires, 1999, (co-autor). - Vicente Fidel López. La construcción histórico-política de un liberalismo conservador, “Estudio preliminar” y selección de fuentes, Biblos-Cuadernos Simón Rodríguez, 1995.

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