Brandsen, Carlos Luis Federico de Francia con valor

220px-BrandsenLuego de recibir educación en el Liceo Imperial, Brandsen ingresó al Ejército francés. En 1811, tras prestar servicios en la secretaría del Ministerio de Guerra, se incorporó como subteniente de caballería al Ejército del Reino de Italia, cuyo monarca era Napoleón; en él servían numerosos franceses.

Participó en 1813 en la campaña de Alemania, donde fue herido en tres acciones diferentes:en Lutzen, de sable en una pierna, en Bautzen, por una bala de cañón en una pierna y Wartemburg, herido nuevamente en una pierna por una bala de fusil. Combatió además en Juterbok, Denewitz, Gross-Beeren Wachau, Leipzig y Hanau…Por esta campaña, fue condecorado y ascendido a capitán.
Tras la abdicación de Napoleón en 1814 y la disolución del Reino de Italia, Brandsen regresó a Francia, manteniendo su grado de capitán de caballería.

Cuando Napoleón regresó del destierro en 1815, lo destinó como capitán agregado al estado Mayor del Mariscal de campo Martel, y asistió a las batallas de Trois Maisons, Dannemarie, Chavanne, Savenans, Chevremont y Bavilliers donde lo hirieron nuevamente de un balazo en la pierna derecha. Luego, participó en la batalla de Waterloo.
En 1817, terminadas ya las Guerras Napoleónicas, Brandsen pidió su baja del ejército francés con el grado de capitán. Al poco tiempo conoció a Bernardino Rivadavia en París, quién lo convenció de unirse a la causa de la independencia americana; entonces se embarcó hacia Buenos Aires.

El 19 de diciembre de 1817 el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata le otorga el grado de capitán de caballería y lo destina al 2° escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, que entonces combatía por la independencia de Chile bajo las órdenes del General San Martín y se hallaba acampado en Las Tablas, cerca de Valparaíso.
Entre 1818 y 1819 Brandsen participa en la campaña del Bío Bío (contra los realistas del sur de Chile). El 10 de noviembre de 1818, el capitán Federico Brandsen fué protagonista de una épica carga a caballo a través del río Ñuble, crecido y correntoso, soportando el fuego de cañones y fusiles realistas que lo esperaban del otro lado . Su acción dió tiempo a que los escuadrones 3º y 4º al mando de Viel y una compañía al mando del capitán Félix Olazábal, cruzaran el río, atacaran el grueso de los realistas y los derrotaran.
Luego, Brandsen es destinado al regimiento de Cazadores a Caballo (que nació como quinto escuadrón de Granaderos a Caballo y estaba al mando de Mariano Necochea) , con el que participará en la Expedición Libertadora al Perú.
Se distinguió en el combate de Nazca junto al mayor Juan Lavalle. El 8 de noviembre de 1820, en Chancay, combate valerosamente al mando de 36 Cazadores, derrotando una fuerza realista de alrededor de 200 hombres, lo que le valdrá un ascenso a sargento mayor.
Cuando San Martín, devenido Protector del Perú, forma el ejército de ese país, Brandsen es nombrado jefe del regimiento de Húsares de la Legión Peruana de la Guardia, con el grado de Teniente Coronel. San Martín tenía gran afecto por Brandsen, de quien era compadre. y con quien sostenía correspondencia frecuente.

Fue promovido a coronel el 17 de septiembre de 1822. Al mando de su regimiento obtiene una victoria en Zepita. En 1822 y 1823 participó activamente en las operaciones contra las fuerzas realistas.
A fines de 1823 tomó partido por el presidente José de la Riva Agüero en la disputa de este con Sucre. De la Riva Agüero lo promovió a general de brigada, pero con la disolución del ejército que le respondía, Brandsen fue puesto en prisión y luego Bolívar dio la orden de su destierro. Tiempo después esta orden fue levantada por Simón Bolívar pero Brandsen y su esposa ya habían decidido embarcarse a Chile y lo hicieron el 5 de marzo de 1825.

En el Río de la Plata, donde el gobierno lo designó jefe del Regimiento 1 de Caballería con el grado de teniente coronel, el 23 de enero de 1826. Al frente de su unidad estuvo presente en la guerra contra el Imperio del Brasil.
El 20 de febrero de 1827, en la batalla de Ituzaingó, su regimiento se enfrentó a la infantería brasileña que ocupaba una posición fortificada, protegida por un profundo zanjón, cargó a la cabeza de sus tropas, muriendo heroicamente . El ataque fracasó, pero la batalla se ganó porque otros coroneles como Tomás de Iriarte, José de Olavarría, Juan Lavalle, Angel Pacheco, Manuel de Olazábal y José María Paz, decidieron la batalla a favor de los argentinos. Promovido póstumamente a Coronel, sus restos descansan en el Cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires.

“La zanja de Brandsen”

imagesLa Batalla de Ituzaingó es pródiga en hechos de heroísmo, rayanos en la locura, solo comprensibles ante el enorme valor y dignidad que tenían los oficiales, suboficiales y soldados que conformaban la caballería argentina, la mayoría de ellos hechos en la escuela sanmartiniana.
Las órdenes de Alvear nunca fueron claras, a veces no solo confusas sino contradictorias, sin embargo ninguno de sus oficiales se atrevió a desobedecerlas, estuvieran o no de acuerdo con ellas.

Por ejemplo, José María Paz recibió la orden de permanecer con su escuadrón, – el 2º de caballería – al frente de su enemigo, a tiro de cañón. La infantería y la artillería brasilera (compuesta por mercenarios alemanes) les disparaba sin cesar. El escuadrón no se movió esperando órdenes superiores. Una bala de cañón terminó con la vida del comandante Manuel Besares. El entonces coronel Wenceslao Paunero se agachó para sacarle el reloj y entregarlo a su viuda.

Mientras tanto, la tropa no se movió, a pesar que el fuego enemigo los estaba diezmando. Solo cuando Alvear vió que estaban matando al escuadrón, se acercó a dar personalmente la orden de retirarse fuera del alcance del fuego enemigo.
Lavalle, que estaba en la misma situación que Paz, con su regimiento 4º de caballería le mandó a comunicar al general en Jefe, a través de su edecán Alejandro Danell, que su regimiento jamás recibiría una bala del enemigo por la espalda .
Alvear ordenó al Coronel Federico Brandsen, jefe de la división conformada por los regimientos 1º y 4º de Caballería, que atacara a la infantería enemiga mas, el campo de ataque estaba dividido por un zanjón, cauce de un arroyo seco. Por lo tanto, este accidente natural detendría cualquier carga de caballería, dejándola presa fácil del fuego enemigo.
El francés, que había llegado al país acompañando a Federico Rauch y Alejandro Danell en 1818, que había combatido a las órdenes de San Martín, Sucre y Bolívar en Chile y Perú, intentó hacer entrar en razones a Alvear sobre lo imposible de la carga por lo que recibió una severa reprimenda, recordándole a Brandsen, su pasado en las guerras europeas y el estricto cumplimiento que se hacía de las órdenes de Napoleón.
Dice la crónica que Brandsen solo respondió : “esta bien mi general, sé cumplir con mi deber…” y ordenó la carga. El francés y sus hombres son recibidos por los cañones y la fusilería brasileña.

Los argentinos caen en la zanja y se desorganizan. Brandsen es herido entre los primeros pero reorganiza a sus hombres y ordena una segunda carga.
Nuevamente es herido y cae del caballo, desde el suelo ordena “¡ carguen !” y por tercera vez, los argentinos van a la muerte . El fuego es aterrador y la caballería patriota debe retroceder. La última imagen que Brandsen tuvo de sus hombres fué de heridos, muertos y derrota.
Brandsen, su asistente Joaquín Lavalle, 6 oficiales del regimiento y mas de 60 soldados, quedaron muertos en el zanjón.
Afirma el general Paz en sus memorias, que las cargas fueron un desangre inútil , el general Angel Pacheco en su Diario que los escuadrones, cuando avanzaban, iban rellenando la zanja con los compañeros muertos y heridos para poder cruzarla y volver a cargar.
Ante el fracaso de Brandsen, Alvear ordena a Lavalle que cargue contra el enemigo. Este con sus coraceros ataca por el mismo lugar que Brandsen y es rechazado por el fuego enemigo pero, un baqueano le señala el final del zanjón a la izquierda, por lo que ordena a su tropa no cruzar nuevamente el zanjón sino girar hacia la izquierda a toda carrera.
El enemigo pensó que Lavalle se retiraba y comenzó a festejar, abandonando sus posiciones. Al llegar al final del zanjón ordenó nuevamente la carga a la voz de ” ¡ a degüello ! ” y a toda carrera, atacaron y dispersaron al enemigo, mientras el coronel José de Olavarría con su regimiento 16º de Lanceros arrollaba a la artillería.

Lavalle persiguió a la caballería e infantería imperiales por mas de una legua y media, “incendiándole los campos y quitándoles todos los recursos” hasta que se le dió la orden de regresar.
La noche de aquel 20 de febrero el campo de batalla ardió por los cuatro costados, quemando muertos y heridos.
Al regresar de la persecución, Lavalle y Paz cruzaron por la zanja maldita y reconocieron el cadáver de Brandsen : estaba desnudo pues le habían robado toda la ropa.9073869_orig

El cuerpo hinchado por el calor, solo pudo ser reconocido por una enorme cicatriz que el francés lucía en su cabeza, producto de un duelo con un teniente de granaderos, Pedro Ramos, allá por los tiempos de la campaña de los Andes…
El último que estuvo con el heroico francés antes de la fatal carga, fué el general Pacheco, a quien le dijo ” en la cartera que encontrará en mi cadáver, tengo apuntes reservados de familia. Hágame el gusto, sáquemela después y envíela a mi familia.”

Julio Ruiz
Acerca de Julio Ruiz 32 Articles
Profesor de Historia. Colegio Cervantes de Bolívar, Argentina. Ex Intendente de la Ciudad de Bolívar en la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Abogado. Obras Históricas entre otras: Blandengues, "La Odisea", "Historias que hicieron cuentos", "Paginas de una historia olvidada", ect Todo se resume en "la historia, un cuento y un libro"

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