Ser docente. Ser docente es mi identidad. Con el tiempo cuando sos docentes es transmitirles a tus alumnos el interés por aprender, que ese interés vale la pena.
Si sos docente y solo te preocupa tener un puesto y sueldo fijos; si pensás en las vacaciones de ¡tres meses?, porque creíste que esto era sí, si la permanente formación te parece relativamente fácil o si pensaste que educar es solo transmitir conocimiento y normas para que te obedezcan porque solo tu tienes el monopolio del conocimiento, no debes ser docente, esto no es una Treta De dominación para formar personas fáciles de manipular, si crees esto, estas adoctrinando. Sí debemos tener condiciones dignas de trabajo, esto nunca debe estar en discusión, pero…es para otra nota.
La labor educativa siempre es criticada por la sociedad, que si los docentes no enseñan, que si faltan a clases, que sólo hacen odios sordos a lo que demanda la sociedad, son haraganes, que sólo piden aumento y trabajan poco.
Ser docentes no debe ser estar obligado a llevar una faja asfixiante con un currículo irreal, inabarcable que siempre se diseñan por fuera de la realidad del aula y como resultado hay un enfoque irreal, ayudado por una burocracia excesiva, al final de la jornada, los problemas sistémicos persisten y vives frustrado. Un docente debe poseer la capacidad para reflexionar sobre su propia práctica, pues contribuye en su formación continua.
Ser docente no es una profesión cualquiera, que está al final de la escala de elecciones de vida. ¿En educación está todo inventado… ¿pensamos que en educación está todo por hacer? Cuando los docentes callamos nos negamos a crecer profesionalmente, humana, ética y espiritualmente y negamos a los otros la posibilidad de crecer. Los docentes no podemos ser lo que ya otros han sido, sino superarlo, eso es aprender, eso es crecer.
Quien se dedica a la enseñanza, primero, debe dominar su gestión de conocimiento, que es algo diferente a dominar conocimientos. El perfil actual del docente es disciplinado por momento muy manso y esto se debe cambiar, la sociedad nos debe respetar como a otras profesiones.
Un docente es aquel que antes que nada tiene que entender y aprender cómo viven sus alumnos, los docentes de aula lo sabemos ¿los saben las autoridades? Saben realmente ¿cuáles son los intereses de nuestros alumnos?, qué miran en la televisión, que música escuchan y para qué usan la computadora. Lo que ocurre en el aula puede generar cambios en la escuela, en el barrio, en el pueblo, en los países
Muchas veces solo se dice que el docente debe tener vocación de ser docente pero…la idea de la vocación docente, aunque inspiradora, se convierte muchas veces en una trampa para justificar condiciones laborales que, de otro modo, serían inaceptables.
La identidad docente se construye con la formación, la profesionalización y la práctica. La educación es un valor en sí mismo, el trabajo colaborativo y el diálogo deben estar a la base de la construcción social en el aprendizaje. En la sociedad se marca un gran abismo entre los padres de familia y los docentes, ellos son los que quieren mandar, los que quieren una educación a la carta, quieren ordenar, dirigir, y a todo este pensar: ¿Por qué les permitimos esto? ¿A caso un docente no tienes las herramientas necesarias para poder dirigir nuestro trabajo? ¿Es necesario que gente extraña a nuestra labor nos quiera dirigir, mandar o hasta llegue a ordenarnos qué hacer?
La educación es la herramienta más importante que tiene un país, dejemos que los docentes de aula equipen de ideas a nuestros hijos.
Debemos como sociedad dejar de ver la docencia como una consecuencia inevitable del trabajo académico y empezar a valorarla como lo que es: una de las profesiones más importantes y transformadoras que existen.
Al final es lindo que nos digan: “Ese fue mi docente” y eso sí que vale la pena, el salario emocional es vital en la vida del docente.
Ser docente es tener ojos que ven más allá de la superficie.
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