La institución familia y la autoridad quebradas

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Reflexiones sobre los últimos acontecimientos en Lincoln y la entrada en vigencia del Nuevo Régimen Penal Juvenil a partir del 1* de septiembre.
Hace tiempo que vengo sosteniendo dos ideas: la institución familia está quebrada y Lincoln se ha convertido en tierra de nadie.
Seguramente sea reduccionista intentar explicar todos los flagelos que padecemos los linqueños desde esas dos perspectivas. Pero también es difícil negar que hemos llegado hasta acá por una progresiva pérdida de límites: primero en las familias y después en quienes tienen la responsabilidad de ejercer la autoridad.
No es normal que menores de edad lleguen a sus casas a cualquier hora. No da lo mismo.
No es normal pasar horas sin saber dónde están nuestros hijos ni con quién.
No es normal que duerman de día y salgan sistemáticamente de noche. Tampoco es normal que conduzcan motos siendo menores, incumpliendo una ley que existe, entre otras cosas, para protegerlos a ellos y a quienes circulan por las mismas calles.
Mucho menos debería ser normal que tengan acceso a armas, que consuman drogas, que abandonen la escuela, que no practiquen ningún deporte, que no estudien, que no trabajen y que transcurran buena parte de su tiempo sin adultos que pongan límites.
Los hábitos, los límites, el respeto por las normas y la responsabilidad también se educan. Y se educan desde niños y adolescentes.
Porque cuando esos hábitos no se incorporan a tiempo, terminamos formando jóvenes adultos a los que después pretendemos exigir aquello que nunca les enseñamos.
Es como un árbol que crece sin tutor: cuando el tronco ya se ha formado y crecido torcido, enderezarlo resulta mucho más difícil.
El tiempo ocioso puede generar creatividad. Pero también puede convertirse en terreno fértil para otras cosas.
Y la noche, aunque no sea mala en sí misma, suele traer consigo aquello que los adultos responsables debemos saber prevenir: clandestinidad, excesos, tentaciones y situaciones de riesgo.
Pero hay una segunda cuestión, todavía más grave.
¿Qué pasó con la autoridad?
¿En qué momento quienes debían garantizar el cumplimiento de la ley comenzaron a mirar para otro lado?
¿En qué momento decidieron no actuar?
¿En qué momento decidieron callar?
¿En qué momento algunos decidieron negociar con quienes delinquen?
¿En qué momento dejaron de estar del lado del vecino que trabaja, que paga sus impuestos, que respeta las normas y que vive bajo el paradigma de la convivencia pacífica y acorde a las buenas costumbres, para terminar siendo funcionales a quienes hacen de la transgresión una forma de vida?
La autoridad no puede ser cómplice del malandraje ni enemiga del vecino que trabaja, que paga sus impuestos, que respeta las normas y que vive bajo el paradigma de la convivencia pacífica y acorde a las buenas costumbres.
La autoridad debe poner límites.
Porque cuando la familia deja de ponerlos y el Estado deja de ejercerlos, el resultado es inevitable: el que transgrede avanza y el que cumple queda cada vez más solo.
Y hago esta advertencia a pocos días de que comience a regir el nuevo Régimen Penal Juvenil.
No podemos confundir una nueva herramienta del Estado para abordar la responsabilidad penal de los adolescentes con la solución de un problema que empieza mucho antes.
Si no recuperamos la familia como espacio de formación, si no recuperamos los límites, si no recuperamos la escuela, el deporte, el trabajo, la responsabilidad y, fundamentalmente, la autoridad, estaremos llegando siempre tarde.
Porque ningún régimen penal puede reemplazar aquello que debió construirse durante la infancia y la adolescencia.
Y cuando un árbol crece sin tutor, después no alcanza con enderezar el tronco: muchas veces ya creció torcido.
Entonces sí, Lincoln se convierte en tierra de nadie.
No porque no existan leyes.
No porque no sepamos qué está bien y qué está mal.
Sino porque hemos dejado de hacer algo elemental: hacerlas cumplir.
La nota fue realizada para la revista educativa El Arcón de Clio por Vanesa Zuccari.  Prof de Geografía. Mg en Politicas Públicas. Ex Concejal en el Distrito de Lincoln y dos veces Dip. de la Pcia de Buenos Aires.
Actualmente me desempeño como profesora en la educación secundaria y en la terciaria
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