La Bestia sin Nombre. Santino Guglieri

LA BESTIA SIN NOMBRE

3 de Octubre, 1920.
Hoy me llamaron a una mina, querían que mirara una cosa que habían encontrado. Como a cualquier arqueólogo, eso me emociono. Mi mente engendra posibilidades ahora, mientras pienso en ir, siempre he sido una persona muy imaginativa y deseosa de aventuras. Me resulta extraño que no me diga de que se trata, solo dijo que ya sabría. En fin, quería ver lo que fuera que hubieran encontrado en la mina y no le pondría pegas.
El camino desde Londres hasta la mina es algo largo, ahora voy.

(mas tarde)
Oh, sí, resulto ser una cosa extraña. Me tiene algo intranquilo. Al llegar a la mina el capataz me ha llevado a una sala con solo una mesa de mobiliario. En ella estaba el objeto, tapado con una sábana. Me advirtió de que el objeto podía causar impresión al ser visto. Yo, algo impaciente de ver el objeto, le dije que sacara la sabana.
Al ver el objeto se me revolvió el estómago y me recorrió un escalofrío. El objeto no debería ser especialmente perturbador, pero lo era. El objeto era una estatuilla de piedra, al parecer bastante vieja. Representaba a un lobo con las fauces abiertas, de las que caía espuma. Estaba en una especie de altar.Sentí que de sus ojos de piedra salía rabia y locura. Era para asustarse.
Le pregunté al capataz cuando habían encontrado la perturbadora estatuilla. Me dijo que ayer la habían encontrado unos mineros. Estaba en una sala, una sala con su puerta sellada por un derrumbe acontecido quién sabe cuándo. Entraron a la sala por medio de picar. La estatuilla se encontraba en un altar. Insinuó que algo le había pasado a uno de los mineros al tomarla pero no dio más información. La estatuilla verdaderamente me intrigaba, a pesar de tenerle algo de repelús. Le pregunte al capataz si tenían alguna pista sobre porque estaba ahí la estatuilla, pero este negó la cabeza. Le hice un par de preguntas más, las cuales fueron tan poco productivas que no las mencionare aquí.
Antes de volver a casa le dije que me guiara hasta la sala donde habían encontrado la estatuilla. La sala era grande, pude ver el altar vació. Las paredes y el altar tenían palabras escritas en un lenguaje extraño, que no logré descifrar. No se parecía a nada que hubiera visto antes. Anoté las palabras en una libreta, al parecer eran dos palabras repetidas muchas veces. No había ninguna clase de dibujo, cosa que me decepciono.
Al tocar la estatuilla sentí todo lo que me había producido el verla aumentado. Tenía un tacto bastante desagradable. Volví a casa y ahora estoy aquí.
Estoy cansado, es tarde, pero quiero investigar más a fondo la estatuilla. Ya habrá tiempo para descansar después. Ese podía ser un gran descubrimiento.
4 de Octubre, 1920.
La estatuilla ahora me intriga más. No pegué el ojo en toda la noche. Nada que una taza de café no arregle.
Encontré una inscripción en latín debajo de la estatuilla. Toda estaba ilegible a expresión de una parte, “La Bestia sin Nombre”. Eso me intrigó. ¿Por qué estaba en latín esa inscripción y no en ese extraño idioma de la sala? ¿Qué era la Bestia sin Nombre? ¿El dios de algún culto antiguo desaparecido hacía tiempo? Algo más pasó antes de acostarme.
Al rozar la estatuilla tuve una visión. Estaba en una llanura gris, muerta. El cielo era rojo, parecía en llamas. Un rayo cayó de ese cielo e impacto a un par de metros de mí. El miedo se había apoderado de mí, ¿Por qué estaba de repente en ese escenario demencial? Olía a podrido, el olor era asfixiante, sofocante. No veía nada vivo, nada, solo un montón de tierra gris. Excepto el ser. Ese gigantesco ser de espaldas a él. El ser tenía una gran cantidad de tentáculos y garras. No sé bien como escribirlo, más allá de que era inmenso. No sabría decir que tan alto, pero era enorme. La simple existencia de se ser era un atentado contra la lógica y la normalidad.
Empezó a girarse, y de haberlo visto de frente creo que habría enloquecido. Pero entonces la visión desapareció. Volvía a estar en mi oficina.
Asustado me arrastre tan lejos de la estatuilla como pude, sudando y jadeando. Una vez en la puerta de mi habitación, me levante con las piernas temblorosas y me encerré en ella. No pude dormir porque pensaba en esa visión. Traté de convencerme que había sido algo producto del cansancio, pero no estaba del todo seguro, ¿Cómo estarlo?
Ahora que el día ha llegado el deseo de descubrir el misterio que envolvía a la estatuilla era mayor que el miedo que me producía. Ahora investigare sobre la Bestia sin Nombre y las extrañas palabras de la sala.

7 de Octubre, 1920.
Estos tres días he estado investigando mucho, no he parado a anotar nada en este diario. No he encontrado el significado de las palabras por ahora. No he encontrado nada de información sobre la Bestia sin Nombre. Le tengo miedo a la estatuilla, la tengo en una caja en el sótano. No me atreví a tocarla sin guantes. Sé que es estúpido tenerle miedo a una estatuilla, pero no quiero ver de nuevo a ese ser.
He decidido hablar con los mineros que encontraron la estatuilla.
10 de Octubre, 1920.
La búsqueda del significado de las palabras y de que es la Bestia sin Nombre sigue siendo infructuosa. Hable con los mineros tras preguntarle al capataz su paradero. Todos coincidieron en que todo había sido normal. Todos menos el último. El que está en un hospital psiquiátrico.
Todo había sido normal hasta que repentinamente el minero enloqueció. Tomó la estatuilla y empezó a convulsionar y después a gritar cosas en un extraño lenguaje, que sospecho que pueda ser el mismo que el de las paredes de la sala.
Llamaré al minero loco como N para proteger su privacidad, a pesar de que este diario es privado. Yo no creo en las cosas sobrenaturales, pero empiezo a pensar que quizás cosas sobrenaturales están involucradas en este asunto.
N nació en una familia pobre. Trabaja en la mina desde hace tres años. Es un hombre supersticioso y raro, antes de enloquecer decía que estaba un poco loco desde la muerte de sus padres. Al parecer su locura aumentó.
No pude hablar mucho con N. Me ignoró casi todo el tiempo, solo me dijo una cosa. Me miró a los ojos, y pude ver lucidez en esos ojos. Me dijo que tuviera cuidado, que jugar con la Bestia sin Nombre era jugar con fuego. Después volvió a su mutismo. Murmuró cosas durante nuestra reunión, solo entendí las palabras “culto” y “Ancestros”.
Estoy asustado. Pero seguiré investigando.

14 de Octubre, 1920.
He encontrado una referencia a la Bestia sin Nombre. La mencionan en un libro de un arqueólogo francés, Jean Delaurre, Cultos Oscuros, de hace treinta años. En el Jean habla sobre distintos cultos. Solo me interesa la parte de la Bestia sin Nombre. Debo encontrar un tomo , aunque al parecer es raro. Lo otro sigue sin dar resultados.
Desde que me encontré con N solo puedo dormir unas pocas horas a la noche, me acosan las pesadillas. A veces siento que alguien me observa.
16 de Octubre
He encontrado un ejemplar del libro. Muy interesante. Al parecer la Bestia sin Nombre es el dios de un pequeño culto del sur de Inglaterra. Sus integrantes fueron apresados o mandados a manicomios, por cometer crímenes rituales.
Los integrantes del culto, el Culto de los Sin Nombre, sostienen que existe otra dimensión, donde están unas divinidades llamadas los Ancestros. La Bestia sin Nombre es uno de los Ancestros. Un día los Ancestros pasarán de su dimensión a la nuestra y la conquistaran. Los que los ayuden serán premiados con riquezas y poder y además vivirán eternamente. Los que se opongan a los Ancestros serán esclavos d quiénes los ayuden y vivirán un tormento eterno. Los miembros del Culto buscaban un lugar con la “pared entre dimensiones” muy debilitada para poder invocar a la Bestia sin Nombre. Se podía invocar a la Bestia en lugares con la pared debilitada en una forma mucho menos poderosa. Por supuesto eso era una ridiculez creada por mentes enferma… estoy casi seguro.
Jean habló con varios de los antiguos miembros del Culto. Ninguno estaba muy bien de la cabeza. ¿Qué esperar de gente así?
No estoy seguro de que el culto haya desaparecido. Siento que me observan, y que alguien me sigue cuando salgo a la calle. Quizás es por la falta de sueño, se me hace difícil pensar, razonar. Pero llegare al fondo de este asunto. Soy perseverante.
16 de Octubre, 1920.
Ahora estoy seguro de que me espían. Es gente del culto, Jean estaba equivocado, no acabaron con él. La policía no me cree. Seguramente son miembros del culto. Una parte de mi me dice que no es verdad, que el culto fue desmantelado, que soy demasiado paranoico. No sé si escuchar a esa parte. Ya no estoy seguro de nada. Ni siquiera estoy seguro de la inexistencia de los Ancestros. La estatuilla, todo lo que la rodea, hace que empiece a parecer muy lógico. Eso también me asusta.
Esta noche iré solo a la mina, cuando esté cerrada. Podré investigar mejor la mina sin mineros que me estorben. Tampoco estoy seguro de que sea una buena idea. Me llevaré este diario y una pistola, por si las dudas. Voy a tratar de dormir un poco.
(más tarde)
¿Por qué decidí escuchar al capataz e ir por esa estatuilla? ¿Por qué por qué por qué? POR QUÉ. Si tan solo hubiera declinado de la oferta, nada habría pasado. Nada nada nada, me gusta esa palabra. Nada, la ausencia de todo, me gustaría que en mi cerebro no hubiese nada, que la nada borrara los horribles recuerdos de lo que acabó de ver.
A ver, tengo que escribir lo que pasó. Para eso funciona un diario. Tengo que advertirle a la gente. Mis últimos resquicios de cordura me fuerzan a hacerlo.
D´lut en tak, en tan. Ehganhn ehlgs halks.
Entré a la mina a la noche. No recuerdo como, mis recuerdos antes de entrar a la sala… son confusos o directamente inexistentes. Camine por la mina. Estaba muy cansado. Sigo estándolo. Quiero dormir dormir, dormir por siempre, de hecho, que ya no me preocupen los recuerdos. Concéntrate, debes escribir.
Caminaba por los pasillos. Estaba enojado, no había encontrado nada interesante. Estaba a punto de agarrar un pico y ponerme a picar en busca de una sala cuando vi una luz. Salía una luz de la sala donde habían encontrado la estatuilla. Debería haber vuelto a casa, ¿Por qué no lo hice? ¿Por qué fui tan estúpido? Preguntas preguntas sin respuestas, maldita curiosidad. Maldita maldita maldita.
Sus ojos están grabados a fuego en mi memoria…
No, todavía no llegamos a esa parte de mi historia. Todavía no, aunque odie esos ojos. Malditos ojos.
Me acerque a la sala y me asome a la puerta. Era prudente. Ojala no lo hubiera sido, quizás me hubiesen matado. Ojala se hubiesen fijado en mí, pero estaban demasiado concentrados en su ritual.
Malditos. Malditos sean ellos y su dios.
Unos miembros del culto, cantaban dentro de un pentagrama. Eran unos cinco. Vestían de blanco.
D´lut en tak, en tan. Ehganhn ehlgs halks
Como odio ese canto en ese odioso idioma. No quiero describir el pentagrama. Me quedé paralizado al escuchar el canto. Era hermoso y horrible a la vez de alguna manera. Tendría que haber huido.
Una línea negra se dibujó en el aire frente al pentagrama. El canto había subido de volumen.
D´luk en tak, en tan. Ehgahn ehlgs halks.
La línea se hacía más grande. Había algo detrás de ese portal.
No no no no lo quiero describir. Pero debo hacerlo. No quiero recordar, pero les debo advertir. Debo hacerlo.
No hay palabras en cualquier idioma humano para describir a la Bestia sin Nombre. Los del culto sostenían que era un lobo, pero no lo era. Era un ser enorme, provisto de garras, tentáculos y dientes afilados. Un insulto a la lógica humana. Pero lo peor son sus ojos.
Nadie podía mirarlos y salir totalmente cuerdo. Si los ojos humanos son el reflejo del alma, los ojos de la Bestia sin Nombre son las ventanas del caos y la locura. Yo los miré, los miré… sufrí las consecuencias.
En esos ojos había colores que no existían allí, pensamientos no hechos para la mente humana. Mirando sus ojos comprendí que los humanos éramos menos que polvo, que éramos muy pequeños, menos que nada. Nada de lo que hiciéramos tenía importancia. Ningún cambio era permanente, al final sería barrido por la arena. Solos los Ancestros eran verdaderamente grandes. Solo miré un segundo esos ojos y comprendí todo eso.
No me arrepiento de matar a los que invocaron a la Bestia sin Nombre. Esos malditos merecían las balas que les metí en el cuerpo. Cuando vi sus cadáveres quise reír. Malditos malditos malditos.
Mientras el portal se cerraba oí algo espantoso. El grito de la Bestia. No era ni animal ni humano. Ese grito hizo que quisiera matarme en ese mismo momento. La Bestia sin Nombre no podía llegar a la dimensión de los humanos y estaba furiosa.
Ahora estoy aquí, frente a la puerta de la sala. Escribiendo esto. Solo le di más tiempo a la humanidad, ningún cambió es permanente. Algún día los Ancestros conquistaran esta dimensión, pero incluso eso terminara.
Les advierto que debes destruir esta mina. Esta sala es un punto donde la barrera es más débil. Destruyan este horrible lugar. Ahora que les advertí, puedo hundirme en la nada.
Nada nada nada, tengo una bala en la pistola, se cómo usarla. Nada nada nada me hundiré en la nada, apretando el gatillo.
Nada.

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