Concepción y subjetividad en el ámbito escolar

El desarrollo de todo proceso educativo se concreta en un espacio institucional: la escuela. Ésta como ámbito de los procesos históricos e intersubjetivos da cuenta de las sucesivas transiciones y transformaciones de quienes la integran, entre sus orígenes y mandatos y las nuevas configuraciones sociales, como también de las tensiones entre los diferentes niveles del sistema educativo que deben dar cuenta de un proceso integrado en la formación de los estudiantes.

La decisión de revisar los modelos de gestión institucional, que integran la visión de las actuales condiciones y situaciones –sociales y personales- en torno al saber y al conocimiento, debe formar parte de las acciones continuas que involucran, desde el PMI las prácticas aúlicas y fundamentalmente revisar pedagógicamente los Diseños Curriculares puesto que allí residen las posibilidades de acrecentamiento integral en los estudiantes.

La escuela, como institución pública en tanto dispositivo cultural y más allá de las rupturas, quiebres, incertidumbres y contra propuestas, debe garantizar la difusión del conocimiento en resguardo del orden social en su transmisión. Le compete y es su obligación la transferencia de los mismos pero también de propiciar los modos de relación -personal y social- y de las resignificaciones que se cuentan necesarias para la vida democrática.

Que la escuela sea un ámbito de formación constituye uno de los ejes de su función básica histórica, sin embargo hoy, y luego de un ciclo lectivo completo sin clases presenciales, esto se torna aún más complejo dadas las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales en las que lleva adelante su tarea.

Volver sobre las representaciones y acercar nuevas miradas a la escuela como institución social, requiere también tomar distancia para revalorizar, en principio, la implicancia que tiene en los modos de construir de todos. Y desde ésa distancia, critica pero comprometida, acentuar los esfuerzos desde el trabajo interdiciplinario y colaborativo de los equipos docentes e institucionales para crear una cultura pedagógica acorde a los planteos actuales respecto de los estudiantes que lo conforman.

En sus criterios de gestión, la escuela necesita interpelarse sobre los modos en los que se vincula con los social, reencontrar principios y razones que fundamenten el espacio de lo educativo en consonancia con los planteos y situaciones sociales, por el verdadero peso que tiene en la confluencia de los vínculos, hoy perdidos, entre los adultos y jóvenes.

El punto de anclaje para la transformación de la realidad, también se plasma en las instituciones escolares. Y en la dialéctica de estructura y sujetos los procesos cobran vida, por ende es imperioso abrir el espacio en el que se llevan a cabo algo más que correspondencias pedagógicas-didácticas en función al conocimiento y considerar la dimensión subjetiva, en la interrelación con el otro, cargada de sentido democrático, en la idea de potenciar las elecciones posibles para un futuro próximo y mejor.

Hoy está en boca de todos la legalización del aborto o interrupción voluntaria del embarazo. Los posicionamientos personales hoy están de más… pero desde la educación argentina tenemos que trabajar codo a codo todos los actores institucionales para que la escuela sea el lugar donde los niños, adolescentes y jóvenes aprendan sobre la sexualidad.

En las últimas décadas se ha impuesto con más fuerza un enfoque personalizante de la sexualidad humana, al comprenderla como una expresión vital de la personalidad.

Se entiende como construcción simbólica, cultural, económica, política y social de la sexualidad a todo el legado que se ha ido generando acerca de los modos de actuación de los sexos, valores, los conocimientos, concepciones y visiones que se interiorizan a partir de la interacción de los estudiantes entre sí, como seres sexuados y con el contexto socioeconómico en el que viven y se desarrollan.

La educación sexual  deberá promover una labor de comunicación de conocimientos, actitudes y valores que se inicia en el seno de la familia y se va completando en el proceso de socialización. La escuela contribuye, no solo por la difusión de saberes que puedan organizar dentro de su oferta educativa, sino también porque la misma dinámica escolar favorece el encuentro entre pares que, a su vez, resulta ser la fuente más importante de búsqueda de conocimientos de los estudiantes.

En otro orden de cosas es necesario que las prácticas educativas tengan el foco innovador en el estudiante y no en lo enciclopédico, de ésta manera lograremos un escenario de función tutorial y guía, dejando de lado la actitud todopoderosa de la educación tradicional que tan penosamente se encuentra arraigada aun en estos tiempos.

Saber quién es este niño, adolescente y joven que a diario nos interpela, nos da la fuerza necesaria para dar el primer paso para la autentica trasformación educativa de las instituciones. Por último debemos convencernos que los niños, adolescentes y jóvenes son quienes dan VIDA Y RAZON a las escuelas, es por ello que todas nuestras energías deberán ser colectivas y no egoístas en el cambio que se aproxima, hasta pronto.

 

Prof. PEDRO DEMARCHI para la revista Educativa El Arcón de Clio.

 

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