Reflexiones de Frontera: Nuevas brechas y la imposibilidad de habitar el mundo actual en modo analógico

Pensar la Brecha digital como una fragmentación de la brecha económica y cultural nos llevó a dialogar e intercambiar estas ideas que compartimos. Mariana Ferrarelli y Yamila Goldenstein Jalif.

La pandemia aceleró un proceso de digitalización que se venía dando. Hoy aquellos escenarios futuristas, que creímos en algunos casos exclusivos de las películas de ciencia ficción, se presentan con naturalidad forzada en cada casa, en cada aula.
Hace tiempo ya que la disponibilidad de dispositivos y conectividad resultan elementos críticos en las posibilidades de interacción con pares y la construcción colectiva y compartida de conocimiento. Si bien los dispositivos en sí mismos no garantizan la calidad de las prácticas educativas y comunicacionales, sí funcionan como condición de posibilidad para que la colaboración, la exploración libre y el co-aprendizaje ocurran en diversos contextos, educativos o no, físicos o virtuales.
En los párrafos que siguen, reflexionamos sobre la brecha digital (van Dijk, 2006; Norris, 2001) que impacta de modo desigual no sólo en las actividades escolares, sino también y quizás aún más, en los aprendizajes que desarrollan en el tiempo de ocio las niñas, niños y adolescentes. Por ejemplo, en las instancias de autoaprendizaje y aprendizaje entre pares que van, desde mandar audios con explicaciones para acceder a un videojuego, hasta
tutoriales caseros en video, explicaciones por zoom o meet sobre la instalación o uso de una aplicación, entre otras. Se trata de aprendizajes informales que potencian habilidades cognitivas, sociales y tecnológicas (Scolari, 2018) los cuales, en contextos de desigualdad, dibujan nuevas brechas y excluyen, en primer lugar, a quienes carecen de dispositivos o permanecen desconectados.
Nos referimos a la alfabetización digital extendida que se produce fuera del aula en la exploración autónoma del espacio digital y en la experimentación con diversas plataformas.
Esta alfabetización extendida permite el desarrollo de habilidades que exceden el plano técnico y avanzan sobre áreas de desarrollo personal y creativo. La inmersión en diversos entornos a partir de recomendaciones y consejos de amigos o incluso docentes, promueve la curiosidad, la gestión de información personal, el cuidado frente a posibles riesgos, y la construcción de saberes con otros.
En el contexto que visibiliza la pandemia, la alfabetización digital extendida convive con nuevas brechas: éstas ya no se agotan en el capital económico y/o cultural de la familia de origen o el contexto de uso. Implican la posibilidad de utilizar dispositivos para producir canciones, videojuegos, podcast, o apps, lo que requiere mucho más que conocimientos técnicos. Implican abordar lo tecnológico con un “saber-hacer” que se construye gradualmente tanto dentro como fuera del aula, y mixtura lo escolar y formal con la cotidianeidad del contacto con pares que aprenden a la vez. Se relacionan con expectativas y marcos mentales sobre lo que los usuarios pueden y quieren hacer, y con la autonomía, medios y empoderamiento para lograrlo.
La brecha digital, sin embargo, no es unívoca. Divide injustamente a quienes acceden al uso exclusivo de computadoras, tablets y/o celulares, y a quienes los comparten en el seno familiar; separa a aquellos que cuentan con conectividad estable en el hogar, de quienes tienen conectividad intermitente o compartida con vecinos, o carecen de ella. Es una brecha material pero también simbólica, por aquello que habilita o restringe. Diríamos, que asistimos a una fragmentación de la brecha económica y/o cultural que la hace más compleja que en sus dos polos.
Por un lado, el acceso a dispositivos y conectividad habilita en los sujetos disposiciones, interacciones y saberes, habilidades y competencias más allá de los que se imparten en la escuela. Estimula un desarrollo cognitivo que no opaca aquel de los aprendizajes vinculados a los saberes que operan en el mundo analógico. Los complementa, genera pensamiento en red, otro tipo de cognición vinculada al orden computacional: la resolución de problemas complejos, la tenacidad para insistir en trayectorias creativas, la comparación de atributos y su transferencia nuevos escenarios. Por otro, la conectividad permite el intercambio con otros sujetos, habilitando y estimulando prácticas y sensibilidades diferentes a las involucradas en la mera manipulación instrumental de artefactos. Un ejemplo de ello es el intercambio y entrenamiento con pares que se produce a partir del uso de videojuegos, programas, canales de YouTube, y apps como Tik Tok, Instagram, Twitter, Discord, Twich, entre muchas otras que los y las jóvenes usan en su tiempo de ocio extraescolar. El entrenamiento personal y social en el uso de plataformas, la enseñanza e intercambio con pares a partir de tutoriales por Zoom, Meet u otras apps, permiten andamiar a otro para alcanzar aprendizajes en la zona de desarrollo próximo (Vigotsky, 1988).
Este intercambio con otros, cuando se produce a través de las redes sociales, juega un rol fundamental en la comunicación e información. Pasamos de utilizar facebook e instagram para postear fotos y enviar saludos de cumpleaños, a intercambiar por twitter la última novedad de las noticias. La comunicación en las redes es horizontal, todos pueden contactar a todos e informarse sin mediadores. Sin embargo, navegar en las redes sociales requiere una práctica.

Por último, tener dispositivos y conectividad habilita el uso expandido, lúdico y diverso de las herramientas. Se trata de un acceso genuino a saberes de relevancia, que imprime aún más sentidos a las prácticas digitales y otorga a los sujetos herramientas y saberes para comprender los dobleces y potencial de la cultura digital.
En relación con las instituciones educativas, ya nadie estaría dispuesto a poner en cuestión la necesidad de contar con un dispositivo y conexión a internet para poder, como mínimo, mantener el vínculo pedagógico y la continuidad de los estudios en tiempos de pandemia por cualquier medio.

En el plano cívico, la llamada nueva ciudadanía cerró la puerta a los modos hasta hace poco habituales de acceder a la salud, a trámites bancarios y servicios varios de consulta, entre otros. Hoy vemos jóvenes inscribiendo a los adultos mayores de sus familias para la vacunación o para turnos médicos. El uso de apps para la inscripción en todos los trámites cívicos dio por cerrada una época.
Hemos pasado de un mundo analógico a uno digital. Pero este cambio cultural, esa transformación no vino desde afuera hacia nosotros sino que se trata de una verdadera revolución mental (Baricco: 2019) que generó y genera su propio escenario tecnológico. Las y los docentes somos actores claves de la alfabetización digital, en sentido técnico, cultural y simbólico pero no los únicos. Necesitamos esta vez que se generen las condiciones materiales para que todas y todos las/os niñas, niños y adolescentes puedan integrarse activamente en el mundo en  l que estamos viviendo. En un mundo atravesado por algoritmos que monitorean comportamientos, plataformas que mutan, y prácticas que demandan el reposicionamiento de los sujetos a diario, es preciso cerrar las brechas que dividen a niños/as y jóvenes que aún habitan en modo analógico, para acceder al mundo digital acelerado por la pandemia.

 Mariana Ferrarelli es Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y docente en la carrera de Ciencias de la Educación y en el Profesorado Universitario de la Universidad de San Andrés, y la Universidad Isalud. Se desempeña como investigadora y asesora tecnopedagógica en distintas instituciones donde diseña cursos de formación docente (UNR, UNNOBA, UdeSA, Ministerio de Seguridad y Justicia de la Nación, entre otros). Escribe y desarrolla materiales sobre enseñanza para la diversidad, tecnologías para aprender y proyectos transmedia en educación.

Yamila Goldenstein Jalif es Maestranda en Administración Pública por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA). Es Profesora para el nivel secundario y superior por la Universidad de San Andrés. Docente e investigadora de la Universidad Nacional de José C. Paz y Profesora de la Universidad de San Andrés en el Equipo de Evaluación de los Aprendizajes y en la Especialización en Ciencias. Entre 2005 y 2019 fue miembro del equipo de investigación sobre educación secundaria del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es autora de artículos y publicaciones vinculados a su trayectoria laboral en investigación y gestión de políticas educativas, tutorías, prácticas de enseñanza y evaluación formativa.
En twitter somos @FerrarelliM y @yamilagold

Referencias:
Norris, P. (2001). Digital divide: Civic engagement, information poverty, and the Internet worldwide. Cambridge University Press.
Scolari, C. A. (ed.) (2018). Teens, media and collaborative cultures: exploiting teens’ transmedia skills in the classroom. Barcelona: Transmedia Literacy H2020 Research and  Innovation Action / Universitat Pompeu Fabra.
Van Dijk, J. A. (2006). Digital divide research, achievements and shortcomings. Poetics, 34(4-5), 221-235
Vigotsky, L. (1988). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Grijalbo.
Baricco, A. (2019). The game. Anagrama.

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