Reflexionando

Hace un tiempo leíamos un texto donde Fox (2017) expuso que: “las emociones siempre han estado presentes en la escuela, aunque no se han tenido en cuenta en forma explícita y consciente en ella”. Lo que nos invitó a navegar en una revisión teórica donde efectivamente, se constata que la escuela tradicionalmente fue el dominio de la razón, con cierto tratamiento residual de la dimensión emocional. A lo que Santos Guerra (2008) agrega; “se ha minusvalorado la dimensión afectiva. Se ha silenciado, como si no existiese”, pareciera una dimensión de la cual podíamos “despegarnos” cuando quisiéramos.

Mucho tiempo ha transcurrido para que esta fragmentación entre la dimensión cognitiva y la emocional sea considerada y puesta en escena, actualmente varias son las discusiones en torno a ello y las posturas, pero aquí referimos al tema desde una perspectiva holística que contempla las dimensiones de todo ser humano: la físico-corporal, la emocional y la racional; y la interacción entre ellas, desde una visión integral que permita ampliar las posibilidades de pensamiento y acción, corriéndonos de posturas reduccionistas y poniendo la mirada en la experiencia emocional y en el sentido que adquieren a partir de las relaciones humanas, subjetivas y en convivencia.

En concordancia con lo expuesto, surge la pregunta ¿Cómo se teje en el entramado entre aprendizaje y emoción? …en tiempos de pandemia.

Los indicios que versan sobre el lugar que ocupa la dimensión emocional en nuestros proyectos educativos, son claros y necesarios, más aún en tiempos de aislamiento social como el actual.

Sabemos que la afectividad atraviesa y configura las relaciones que se dan dentro del espacio escolar. Existe una integración entre cognición y emoción que se produce de manera fluida; es dable tomarla en consideración a la hora de pensar la practica educativa en estos momentos, entendiendo que este contexto puso sobre la mesa experiencias emocionales como el miedo, la tristeza o la incertidumbre que necesitan ser contempladas reconociendo que influirán en la predisposición de aprender y también a enseñar, ya que esta realidad no es ajena al docente.

Todos estamos interpelados por una realidad que por momentos “duele”. Es un momento donde reforzamos la construcción de redes de contención, que nos permiten encontrarnos y es aquí donde a partir de una mirada contenedora y una escucha sensible logramos “amortiguar” eso que duele, habilitando posibilidades nuevas de pensamiento y acción.

Valga como metáfora: el temor tracciona hacia la huida, en cambio el amor lo hace hacia el contacto corporal con el objeto amado, el amor es presencia.

Las distancias se “acortan”; adquieren otro sentido cuando nos une el afecto y mas aun cuando ese afecto es motor que permite seguir aprendiendo y soñando horizontes.

Y el desafío de hoy es construir presencia, sostenerla como acto humanizador y en este trajinar “pandémico” son tantas las enseñanzas que afloran, que solo basta correr el velo de algunos prejuicios para verlo.

Las experiencias que hoy generemos con nuestros estudiantes, será, tal vez, una enseñanza perdurable en la historia vital de cada uno y esto radica no solo en lo conceptual, sino por lo que estamos sintiendo (colectivamente) y por lo que los hicimos sentir.

Ante esta ruptura de lo “conocido” y cotidiano, nos queda configurar un nuevo espacio que contemple la complejidad del hecho: repensar las estrategias, el curriculum, los tiempos…reordenar las viejas prioridades, para que todos puedan sentir que vale este esfuerzo y que hemos aprendido muchas cosas , como: valorar la vida, a ser empáticos (quedarme en casa, refleja no solo el autocuidado sino la decisión de pensar en otros y en consecuencia cuidar-nos en comunidad) a mirar al otro para saber cómo esta, a entender que el conflicto es inherente a lo humano y existen vías para superarlo, a encontrarnos ante la oportunidad de restituir vínculos, a poner en palabras de forma mas frecuente aquello que sentimos y aquello que necesitamos, a volver la mirada a nuestros abuelos y abuelas, a extrañar abrazos, en fin…tantas cosas y entre ellas: valorar y extrañar esa magia que solo sucede en las aulas…

Ante este panorama se suma en escena algo tan privado y personal como “la casa”, el hogar este acto educativo entonces toma un nuevo sentido: dejar pasar, invitar, abrir la puerta de un espacio personal e inclusivo que se sostiene en el encuentro. Corremos los limites de lo privado para dar paso al recibimiento, al compartir, algo impensado un tiempo atrás y no menos académico.

La escuela está llamada a proponer experiencias de aprendizaje ricas emocionalmente, hoy suena con más énfasis esta invitación… más allá de la adversidad, a través de diversas propuestas, se logra poner en acción la motivación, la confianza, la seguridad y la fraternidad necesarias para contribuir a un clima favorecedor que permiten al estudiante avanzar en su trayectoria escolar.

 

Fundación Emocionar
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La Fundación Emocionar, es una organización sin fines lucro , dedicada al ámbito educativo y social. Desarrollan propuestas de capacitación , asesoramiento e investigación. Entre sus proyectos de acción se destaca el espacio educativo: Educación Socio-Emocional Misiones, que desarrolla acciones en el marco de la Ley VI 209 "Ley de Educación Emocional", única Ley del país con perspectiva pedagógica. ESEM (sus siglas) es un espacio conformado por profesionales de gran trayectoria en la temática, comprometidos con una formación permanente, que llevan adelante un trabajo pedagógico en todo el territorio provincial desde una perspectiva integral. Son Pioneros del tema en la región, y actualmente su trabajo traspasa fronteras. Entienden a la Educación como el eje fundamental para el desarrollo humano. Esp. Lic. Baukloh, Karen- Lic. Rebollo, Maria Ines - Lic. Evelyn Bonini.

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