Nuremberg: a 75 años de un juicio pensando en el futuro

El fiscal Robert Jackson había recibido directamente el pensamiento de su propio presidente en cuanto a lo que esperaba del juicio: “…que no se siente en el banquillo de los acusados al pueblo alemán, los vamos a necesitar
muy pronto de nuestro lado, hay que separarlos de los líderes nazis, pero a su vez crear un fuerte precedente de lo que en el futuro deberá ser el nuevo orden internacional.”
Hombre del partido demócrata, el presidente le había prometido en privado que sí “todo salía bien” lo nominaría como presidente de la Corte Suprema. Pero la muerte del mandatario abortó el propósito ya que Truman proyectaba otros planes para la Corte y no tenía la misma confianza e intimidad que habían construido con Roosevelt.
Había detentado antes de “esta comisión” el cargo de fiscal general de los Estados Unidos y Juez Asociado de la Corte Suprema. Sin embargo, lo cierto es que el fiscal jefe durante el juicio principal dentro de los Procesos de Nuremberg comenzó su tarea con un mundo planificado en base a acuerdos entre las tres potencias ganadoras preponderantes y cuando terminó, ese plan de ordenamiento mundial ya no existía. Sólo quedaba la desconfianza de Stalin y las puertas de una era: la guerra fría.
Cuando a fines de 1944 comenzaron las primeras charlas entre los tres grandes líderes acerca de que hacer con los vencidos, Churchill y Stalin desde el primer momento sostenían la necesidad de ejecutar en forma sumaria a la mayor cantidad de jerarcas nazis. En cambio, Roosevelt, siempre muy atento a la opinión pública y la prensa de su país notaba que ambas eran partidarias de un juicio público.Quizás un elemento no menor, gracias al cual existió el juicio, fue su visión estratégica del futuro mundo de osguerra que el presidente tenía presente en cada una de sus decisiones y la necesidad de algún tipo de tribunalinternacional que fuera de la mano con la existencia del proyecto de la creación de la Organización de las Naciones Unidas.
La innegable seducción y confianza que ejercía Roosevelt sobre Stalin permitió que el primero pudiera convencer de los beneficios propagandísticos que traería para la URSS un juicio que sería seguido por el mundo entero.
El segundo paso, una vez que se decidió avanzar con la implementación del juicio cuando Alemania se rindió y fue ocupada por las cuatro grandes potencias (EEUU, URSS, Inglaterra y Francia), fue que los mismos no fueran sospechados de venganza.
La legalidad de los juicios inevitablemente se instaló como un primer gran debate público desde los más diversos intereses y ópticas. Argumentos como que era la justicia de los vencedores, que la guerra era un hecho normal entre estados, que sólo aplicaba para Alemania y nada se decía del genocidio en Ucrania o de los bombardeos aliados sobre la población civil en la ciudad de Hamburgo hasta que los 22 principales imputados eran una pantalla que nada tenían que ver con la justicia, porque significaba la impunidad de miles de responsables del mayor crimen contra la humanidad. Por las dudas, una de las primeras medidas que aplicó el tribunal internacional creado al efecto fue el llamado principio “tú también” que sostiene que cualquier acto ilegal estaba amnistiado si también había sido perpetrado por el enemigo.

Las audiencias comenzaron el 20 de noviembre de 1945 cubiertas por más de 300 periodistas de todo el mundo que le dieron una visibilidad global a un tema que hasta ese momento era difícil de dimensionar e imaginar: el Holocausto.
Por primera vez se acusaba por crímenes contra la humanidad, en donde se agrupaban el exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano cometido contra la sociedad civil, antes o durante la guerra, como así también las persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos.
Ante la declaración de “inocente” de todos los acusados,la proyección de las películas de loscampos de concentración, los hornos crematorios o el relato de los sobrevivientes y su divulgación por primera vez en los noticiarios de todos los cines del mundo, prácticamente clausuró el debate.

Todo terminó de manera muy diferente a como había comenzado. Hermann Göring fue, en el principio del juicio, “el verdadero abogado defensor” que ya fuera de sus adicciones por la reclusión, con gran elocuencia debilitaba notablemente los argumentos del fiscal. Los primeros días fueron particularmente malos para Jackson, muy criticado en principio por la prensa internacional que inclusive llegaron a sugerir la posibilidad de que se declarara incompetente. Una charla telefónica con su presidente replanteó la forma de exponer las evidencias y los films tomados por las tropas cuando liberaban los campos de concentración (a los cuales el fiscal había sido renuente) y la contundencia de los testigos supervivientes terminó consolidando una acusación que era innegable en cuanto a las pruebas de los horrorosos crímenes cometidos por los nazis.
Doce condenas a muerte, siete penas a prisión prolongada y tres absoluciones buscaron disipar toda duda acerca de lo imparcial del proceso. En realidad, era difícil poder imaginar un grupo más representativo de lo que después la escritora y filósofa Hannah Arendt acuñó en 1963 en su libro “Eichmann en Jerusalén” cuyo subtitulo es: Un informe sobre la banalidad del mal.
A la tres menos diez de la tarde del 1 de octubre de 1946 en la destruida ciudad imperial alemana, la misma donde se habían promulgado las leyes raciales, los acusados fueron oyendo los respectivos veredictos. Quedaban atrás y ya casi no tenían importancia los duelos verbales entre el fiscal norteamericano y un desafiante Göring o la discrepancia con los soviéticos para tratar la acusación sobre el Holocausto al considerarse ellos y no los judíos las verdaderas víctimas de los alemanes.

Estos juicios dieron lugar a la declaración de los siete principios de Nuremberg que incluyen la idea de que los jefes de Estado y de Gobierno pueden ser considerados culpables según el derecho internacional, que el hecho de eguir órdenes de un superior no puede ser argumento para evitar la responsabilidad. Se sentaba el primer precedente legal de una justicia internacional que a veces parece escasa pero cierto es que fue uno de los pasos más trascendentes en la historia de los derechos humanos en defensa de los desprotegidos contra los poderosos en el siglo XX.

Acerca de Ricardo Jaén 8 Articles
Docencia Universitaria. Profesor adjunto a cargo. Seminario de Historia Argentina. Facultad de Humanidades. UNLP. Profesor Titular. Actualidad Informativa Nacional e Internacional III. Periodismo y Comunicación Social. UNLP. Profesor Titular Argentina Siglo XX . Facultad de Ciencias Humanas. UNRC. Actividad Profesional. Consultor de Organismos Internacionales: ONU/ BID / BIRF / PNUD / UIBA Consultor de Organismos Nacionales: Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. CARI Jefe de Asesores del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de La Cámara de Diputados de La Nación. 2010/2011 Consultor en riesgo político Director Académico de La Cátedra Libre de Periodismo y Comunicación. UNLP Articulista: Clarín, Infobae, El Día de La Plata, Ambito Financiero, Letra P, La Capital de Mar del Plata. CNN en español. Escribe sobre Historia

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