Mirando el Rol del Coordinador-Maestro en Filosofofía para Niños. Parte II

Mariana Laura Caputo
Adriana Passalia

Si partimos de sostener que el fundamento de la enseñanza no está en la transmisión de un saber, no está en la reproducción de pensamientos o contenidos, sino más bien en su contrario, en un pensar y en un actuar de determinada manera que convierte a la enseñanza en un acto único e irrepetible de cada docente, y de cada docente con cada alumno, nuestra mirada sobre el rol del educador cambia. Sostener que el aula de filosofía debería convertirse, por excelencia, en un espacio abierto al pensamiento que involucre tanto a los docentes como a los estudiantes es una idea compartida, en líneas generales, por todos los profesores de filosofía. Las dificultades se instalan cuando nos planteamos cómo conseguirlo, ya que el cómo enseñar no puede separarse de de qué enseñar o de para qué hacerlo.
Las opciones que se plantean oscilan entre informar a los alumnos sobre contenidos filosóficos clásicos o entrenarlos en algunas técnicas que promuevan el buen pensar. O tal vez habrá que presentar ciertas temáticas tradicionales de la filosofía con la finalidad de lograr una comprensión de las mismas. O más bien se debería lograr que pensaran algunas cuestiones por su cuenta, de acuerdo con ciertos criterios. Lo que caracteriza a esta práctica teórica específica es el modo de abordar algunas cuestiones. Si optamos por una de las dos primeras modalidades, podemos caer en la sobreabundancia de información acerca de filósofos y sistemas o reducir la filosofía a su cariz lógico-formal. En ambos casos cayendo en evidentes reduccionismos.
Cabe la posibilidad de superar la eventual oposición de estas dos modalidades haciendo hincapié en la actitud filosófica (crítico-transformadora) del profesor de filosofía. Un docente dispuesto a regular la utilización de temáticas y autores, a partir de su tratamiento riguroso, sin necesidad de privilegiar una de las dos modalidades citadas. Complementariamente deberá hacerse presente en profesores y estudiantes aquel amor al conocimiento y a la producción del pensamiento que está instalado en la misma etimología de la palabra filo-sofía y que se va configurando en el diálogo en el aula.
Para continuar mirando el rol del coordinador incursionaremos en otras metáforas que nos ayudarán a ubicarnos en otros lugares y obtener otras perspectivas. Para ello recurriremos a Fernando Savater en el Apéndice de Ética para Amador; escrito diez años después de la aparición de dicha obra, quien nos invita a recordar que en la lengua castellana, la palabra huésped significa dos papeles aparentemente contrapuestos: el de quien se aloja en la casa de otro y el de ese otro que le aloja en su casa. Este uso un poco desconcertante encierra, según el autor, una verdad muy profunda sobre la condición humana. Porque todos somos a la vez el forastero recibido en casa ajena y el anfitrión que le aloja y debe preocuparse por su bienestar. Dice Savater “desde que nacemos- y no olvides que nacer es llegar a un país extranjero, como dijo un antiguo griego- dependemos de la hospitalidad que otros quieran darnos, sin la cual no podríamos vivir. Pero pronto somos también nosotros los que debemos atender a otros que han llegado después, intentando que se sientan lo más cómodos posibles”. Es probable que toda la Ética pueda resumirse en respetar las leyes no escritas de la hospitalidad; en todas las épocas y lugares del mundo, ser hospitalario con quien nos necesita, y por ello se nos asemeja, es ser realmente humano.
El coordinador en su formación debe pasar una metamorfosis, de huésped en el primer sentido a huésped en el segundo; ya que no puede hospedar sin haber sido hospedado. No puede ser árbitro, cuidando que se cumplan las reglas del juego, si no ha sido invitado a jugar. Si no juega no puede ser crítico de las reglas que regulan el juego. Puede conocer el juego, saber el reglamento, pero si no ha jugado no puede monitorear los resultados. Menos aún cuidar el diálogo filosófico y a la comunidad de indagación. Una vez que se transforma en árbitro, ya es huésped en el segundo sentido, en el que ejerce la hospitalidad, es hospitalario con los inmigrantes que, como todo ser humano, debe ser hospedado por sus coetáneos. El coordinador que hospeda lo hace creando un clima de confianza y cuidado, indispensable para toda comunidad de diálogo que se inicia en el viaje del pensamiento.
Se nos plantean varios interrogantes: ¿La imposibilidad de transmitir un conocimiento acabado corre de su eje al docente, desdibujando su rol?; ¿Este nuevo rol modifica las representaciones sociales sobre lo que un docente debe ser?; ¿La debilidad filosófica desprestigia al coordinador?; ¿En qué medida se pueden dejar de lado las propias certezas?; ¿Son compatibles las figuras del árbitro y el huésped?; ¿Es posible dejar de ser huésped, en alguno de los dos sentidos?; ¿A qué desafíos se enfrenta el coordinador al ejercer de árbitro y agente provocador simultáneamente?.
Les dejamos las preguntas para seguir pensando…

Acerca de Adriana Passalia 11 Articles
Adriana Passalia es Profesora en Filosofía y Pedagogía por el Instituto Superior de Profesorado Sagrado Corazón, Licenciada en Calidad de la Gestión de la Educación, por la Universidad del Salvador, Especialista en Metodología de la Investigación Científica por la Universidad Nacional de Lanús. Y, en la actualidad, Maestranda en Metodología de la Investigación Científica, por la misma universidad.

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