La escuela debe ser un espacio en el que todos aprendamos juntos

Hace cuarenta años que enseño y hace muchos más que estoy dentro de las aulas. He tenido la oportunidad de conocer realidades muy diversas, pero siempre recuerdo aquellas en las que con muy poco se pudo hacer mucho. Detrás de cada una de esas historias existen un sinnúmero de personas que día a día están poniendo lo mejor de sí para enseñar mejor, y para que sus alumnos puedan construir sus propios caminos. Pero esos alumnos nos interpelan y están muy atentos a lo que hacemos como docentes.
Escucho sus historias todos los días y busco que estos relatos que fui recopilando a lo largo de estos años puedan inspirar a otros y los ayuden a pensar en cómo debe ser la educación que queremos. Estoy segura de que todas esas experiencias me ayudaron para ser lo que soy ahora como educadora y, en particular, me inspiraron para poder publicar mi primer libro, titulado Esperanza en la escuela.
Esperanza en la escuela cuenta la historia de Silvina, Mona, Yago y su equipo de educadores, desde el punto de vista de una alumna y el de una madre que también es educadora. La voz de Esperanza, la alumna, expresa lo que no queremos volver a ver en las aulas, y también lo que soñamos y esperamos que sea posible.
La voz de Esperanza, de los alumnos, nos invita a los docentes a repensarnos. Estoy convencida de que si escucháramos más a los alumnos nos cambiaría completamente la perspectiva de la escuela como la conocemos hoy. Ellos no siempre aprenden lo que los docentes intentamos enseñarles, pero aprenden miles de otras cosas, todo el tiempo están aprendiendo. Me duele cuando mis hijos, u otros alumnos, no pueden recordar ni una sola actividad interesante que hayan desarrollado en la escuela. Pero otras veces me encuentro con historias maravillosas de alumnos y docentes, y son esas historias las que me han inspirado a escribir.
Me pregunto constantemente si se puede enseñar la capacidad de irradiar de los buenos docentes, esos que nos deslumbran con su arte de enseñar. Pero no se trata sólo de que existan buenos docentes, sino buenos equipos. Estoy segura de que es la hora de los equipos de maestros, y de que, trabajando en equipo, en red, los maestros irradian más que cuando lo hacían como un planeta en solitario.
Enseñar es un trabajo, es una vocación y es un o?cio, siendo este último un término que remite a misterio y arte. El artesano de la enseñanza no produce cosas materiales, sino que transforma personas. Enseñar también lleva su tiempo e implica un modo de ensayar y practicar para aprehender el arte de la enseñanza. En esto no hay dudas: a enseñar se aprende enseñando. Y Esperanza nos desafía constantemente a que pensemos no sólo cómo enseñamos, sino también cómo promovemos un espacio en el que todos aprendamos juntos.
Sobre la autora
Victoria Zorraquín es licenciada, profesora y especialista en Educación. Fundadora de la ONG Educere.

Acerca de Victoria Zorraquín 5 Articles
Victoria Zorraquín es licenciada, profesora y especialista en Educación. Fundadora de la ONG Educere: “Docentes por un Mañana”. Hace más de veinte años que Victoria se dedica a hablar acerca de la necesidad de recuperar el prestigio docente. Ha recorrido escuelas de todo tipo y condición en la Argentina y en el mundo. Actualmente está al frente de la Dirección de Escuelas Secundarias, Agrarias y Rurales, que depende del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

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