¿Cómo puede terminar la invasión en Ucrania?

Desde finales de los noventa pero, particularmente, desde la ilegal anexión de Crimea en 2014, Estados Unidos y la Unión Europea vienen mirando con mayor atención la asertiva política exterior de Rusia. Desde la llegada de Vladimir Putin al poder en el 2000, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia plantó una política de mixtura compuesta por las clásicas características históricas, las particularidades de una personalidad tan singular como la del propio Putin, la mayor participación de los oligarcas rusos en los procesos de toma de decisión política en el Kremlin y un nuevo contexto internacional con Estados Unidos declinando poder militar y Rusia, como China, embarcándose en adoptar las nuevas formas de la guerra: ciberataques, enormes y aceitadas maquinarias de desinformación y la constante crítica hacia el sistema.

Un ejercicio prospectivo sobre el desenlace de Ucrania es aventurado porque en una guerra es casi imposible determinar los acontecimientos más próximos. Sin embargo, gracias a los avances tecnológicos y comunicativos, se pueden recoger algunos elementos que permiten identificar escenarios probables que condicionarán, sin dudas, al sistema internacional dentro de sus estructuras. El mundo de la post guerra en Ucrania no será igual: Rusia, con Putin a la cabeza, será un paria internacional y Occidente se embarcará hacia la búsqueda de nuevos actores que puedan abastecer el gas y petróleo que los rusos disponen. Las conversaciones con la República Islámica de Irán y Venezuela, la primera una autocracia islámica y la segunda una dictadura caribeña, se desarrollan con cada vez mayor frecuencia y exponen la doble vara: ¿Una autocracia puede suplantar a otra autocracia?

El primer escenario: Victoria militar de Rusia y caída del gobierno ucraniano. Hoy es el escenario más posible desde la estrategia militar dada la superioridad de Rusia y la reticencia de la OTAN, por ahora, de no llegar a una confrontación directa con el ejército ruso. Dadas las denuncias de violación a las normas internacionales por parte de Rusia, especialmente las emanadas de la Convención de Ginebra, el uso sostenido de bombas racimo o armas termobáricas llevará a empeorar, sin dudas, la situación de la población civil. A mediano y largo plazo, es decir entre los próximos meses y años, a la Federación Rusa le será muy difícil sostener en Ucrania una guerra de guerrillas en zonas como la capital, Kyiv, y en la parte occidental del país. Al compás de las sanciones internacionales, Putin se enfrentará a una situación compleja que demostrará la irracionalidad, una vez más, de la invasión iniciada a finales de febrero.

El segundo escenario posible consta de una victoria militar rusa pero una resistencia del gobierno de Zelensky que no deba exiliarse a las afueras de Ucrania. Para llegar a esto, debería incrementarse, aún más, la asistencia económica y militar a las tropas ucranianas y coquetear más con las líneas rojas que Putin amenaza ante cada acción que la OTAN impulse. Ante una escalada bélica y retórica sin precedentes recientes en Europa, Rusia, bajo este escenario, tendrá un mapa de Ucrania dividido en dos: la parte alineada a Moscú estará al Este, en la región del Donbass, mientras que la región del Oeste, con Zelensky a la cabeza, será la parte alineada a Occidente. Ese nuevo muro que caerá sobre Ucrania será, para Rusia, mucho más problemático que el primer escenario porque mantener una operación militar en el Este y afrontar las sanciones sería casi utópico.

El tercer escenario es contemplar una retirada de Rusia de Ucrania y establecer una suerte de zona neutral o zona gris. Al día de hoy y con lo acontecido en los últimos casi veinte días en el campo de batalla, es muy difícil pensar esto porque los canales diplomáticos están casi destruidos. Salvando los canales establecidos por Israel, el caso de China ya ha demostrado que es muy poco confiable dado que, según los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, podría intervenir a favor de Rusia. Quienes sí podrían intervenir para el final de invasión son los, hoy ya conocidos por todos, oligarcas rusos que le han advertido a Putin que no pueden permitir que la economía rusa vuelva a 1917. En los regímenes políticos como el ruso, el peso de los oligarcas, es decir, de los amigos del poder, pesan mucho más que las exigencias de un ciudadano por un simple hecho: El poder político no está sujeto a rendir cuentas a nadie. Se hace y se dice lo que el poder dice que debes hacer y decir. En Rusia no se habla de guerra ni de invasión, sino, de campaña militar, operación de libertad, entre otros.

El cuarto y no menos probable escenario, aunque ocupe el último lugar, es una confrontación directa entre la OTAN y Rusia en territorio ucraniano. Esto, a priori, es tan probable como improbable por la propia dinámica que las guerras tienen y el porqué de sus inicios: en la teoría de los conflictos internacionales, muchos autores hablan de un factor desconocido, un factor x, que detona y lleva a los actores a guerrear entre sí. Al momento de escribir este artículo, el peso de Turquía en la OTAN es una de las limitantes para conocer si se puede, o no, detonar ese factor desconocido.

Por lo pronto, está asegurado que cualquiera de los escenarios posibles lleva a una crisis humanitaria a la cual el mundo entero tendrá que afrontar: Desde los desplazados que comienzan a llegar a distintos países, especialmente Polonia y Hungría, hasta las crisis humanitarias en zonas cercanas a Rusia que podrán ser un fuerte dolor de cabeza para la seguridad del mundo.

Este texto fue realizado para la Revista Educativa El Arcón de Clio por Luciano Mondino, Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Cursando el Máster en Política Internacional en la Universidad Complutense de Madrid.

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