Los orígenes del Pontificado

250px-St_Peter's_Square,_Vatican_City_-_April_2007Hoy en día tenemos más que normalizada la presencia de una institución conocida como el pontificado de Roma, pero ¿De dónde proviene esta institución? ¿Cuáles fueron las causas de sus orígenes?
Antes del siglo IV no podemos hablar de claras pretensiones para formar un poder universal sobre todo el conjunto de la Iglesia por parte del obispo de Roma. La Iglesia como institución jerarquizada, dirigida por la figura del Papa, será la causa de diferentes circunstancias que modificarán un panorama hasta entonces dominado por el Emperador. Tras la división del Imperio Romano, el emperador abandona la ciudad de Roma.

En un principio, comienza a refugiarse en ciudades más seguras situadas en el norte de Italia, en el siglo V la presencia del Emperador en Italia desaparece. Esta ausencia de poder deberíamos considerarla una causa por la cual la representación del Imperio y, por lo tanto, del poder público recae sobre el obispo. Un ejemplo muy claro sobre la posición política que adquiere el Papa en la ciudad de Roma fue el enfrentamiento contra los hunos. La expansión de los Hunos a manos de Atila les llevaría a la invasión y saqueo de Italia. Una reunión en Mantua entre el obispo de Roma, León I, y Atila terminaría con la retirada de Atila y el final de sus pretensiones sobre Roma. Es innegable que este hecho consolida la figura del obispo y su preeminencia sobre la ciudad. No debemos olvidar que los obispos son parte del Estado, y como tal, ejercen funciones públicas, como por ejemplo, juzgar.

Otro hecho que ayudó a la formación de lo que conocemos como pontificado romano fue la interpretación de un fragmento de La Biblia muy concreto. La traducción al latín de La Biblia, es decir, la Vulgata, es realizada por un jurista, Jerónimo. “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella” [Mateo 16:18]: Este pasaje concreto y su interpretación serán la causa teórica sobre la que se edificará la idea de que debe haber un “jefe” dentro de la Iglesia. Pedro actuaba en representación de los 12 apóstoles, y los obispos eran descendientes de los apóstoles.

El obispo de Roma, por lo tanto, desciende de Pedro. Ante esto la preeminencia del obispo de Roma sobre los demás es más que evidente. Por lo tanto, a partir del siglo V nos referimos a ellos como “Papas”. Los artífices de la doctrina papal o la doctrina del primado serán León I (440-461) y San Gelasio I (492-496). Esta doctrina se basa en los principios de que: Por un lado, el Papa tiene el monopolio de jurisdicción sobre toda la Iglesia y, por otro lado, el poder civil no tiene ninguna jurisdicción sobre la Iglesia. Será León I quien se atribuya el título de “póntifex máximus”.

“Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que tú ates aquí en la tierra, también quedará atado en el cielo, y lo que tú desates aquí en la tierra, también quedará desatado en el cielo.” [Mateo 16:19]. La interpretación realizada por León I de este fragmento será que Dios otorga a Pedro todo el poder. León I se preocupará por enterrar a los pontífices junto a Pedro, en el Vaticano, acto que simboliza que son descendientes del mismo.

Para justificar que el poder civil no tiene ninguna jurisdicción sobre la Iglesia se esconde una interpretación abusiva de San Agustín. Para este filósofo y eclesiástico platónico “todo poder proviene de Dios”. El poder del Estado y la Iglesia son independientes y no deben interferir en competencias del otro, según San Agustín. El Estado cubre las necesidades materiales del hombre y la Iglesia las necesidades espirituales. Desde un punto de vista moral, el poder de la Iglesia es superior al del Estado. Lo que se esconde detrás del sustento teórico de la doctrina del primado es la supresión de la palabra “moral”. Llegamos a la conclusión de que las funciones de la Iglesia son superiores a las del Estado.

Por lo tanto, tenemos unas causas prácticas que consolidan la figura pública del obispo en Roma desde un punto de vista político; Y por otro lado, una interpretación de unos determinados pasajes de La Biblia que dan sustento teórico a la doctrina del primado. La proyección de esta institución y su importancia y presencia a lo largo de la Historia son más que notables.

Esto ataca claramente a la Iglesia Imperial. Las bases de la división de la Iglesia quedarán consolidadas en el año 1054 con el Cisma de Oriente, pero las causas de dicha división se encuentran en la creación de la doctrina del primado. En Oriente, la Iglesia Imperial será una herramienta del Emperador, es decir, que está subordinada al poder del Estado. Será el inicio de una pugna entre ambas iglesias por el control y la supremacía.

 

Bibliografía Consultada

-Orlandis Rovira. J. 1996. “El pontificado romano en la historia”.
-Laurence M. Curran. “Dinamismo antropológico en la enseñanza de San León Magno”.
– Arqüello. J. “Caminar con los padres de la Iglesia”.

 

Javier de Benito
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Estudiante de Historia de la Universidad Autónoma de Madrid. Director de intrahistoria.com. Títulaciones en nacionalismo catalán y judaísmo por la Universidad Complutense de Madrid; Mención de honor en Nación y nacionalismos de la Europa contemporánea.
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