Los desaparecidos, la verdad histórica y la consolidación de la democracia en la Argentina

desaparecidos-cartelA menudo los historiadores nos preguntamos hasta dónde es lícito hundir el cuchillo en nuestras investigaciones y publicaciones. O, planteado de otra manera,  si bien en principio nada debería limitar los temas a ser estudiados, ¿cuáles son los límites que debemos aceptar en beneficio de la conveniencia social y la consolidación del sistema democrático?

Es ya una verdad de Perogrullo que “toda historia es historia contemporánea”. Es decir, que nuestras investigaciones y reflexiones reconocen la huella de los debates y las demandas de la sociedad en la que vivimos. Por esta razón, justamente, es que la cuestión que planteé no es abstracta, sino que se inspira en un tema que ha ocupado un papel destacado en nuestra agenda pública: la controversia sobre la cantidad de desaparecidos de la Dictadura Cívico-Militar, instalada en el mes de marzo de este año por Darío Lopérfido, quien sostuvo que “En Argentina no hubo 30 mil desaparecidos, se arregló ese número en una mesa cerrada.” Luego de un largo tira y afloja que duró casi cuatro meses, Lopérfido debió presentar su  renuncia como Ministro de Cultura de la CABA.

La irracionalidad de los totalitarismos frente a la racionalidad de la verdad histórica

El interrogante planteado tiene dos vertientes, no menos significativas. Por un lado, alude a la verdad histórica; por el otro, involucra la sensibilidad social y la consolidación del sistema democrático. No es un tema nuevo, por cierto. Ya ha sido tratado reiteradamente, por ejemplo, en relación con las víctimas del holocausto judío durante el nazismo, en múltiples debates. Por ejemplo, el magnífico intercambio epistolar de los años 1991-1997 entre los historiadores Francois Furet y Ernst Nolte[i], cuyos argumentos y conclusiones son fácilmente extrapolables al caso argentino.

A riesgo de resultar excesivamente reduccionista en mi crónica, señalaré que, en uno de los tramos más atractivos del apasionante contrapunto, Nolte presentaba fundados elementos de juicio que permitirían precisar con mayor fidelidad el cálculo de las víctimas, las que así pasarían de los 8 millones consagrados en el imaginario público a alrededor de un tercio de esa cifra -condiciones técnicas, infraestructura, número de presidiarios, restos encontrados, etc. En seguida el historiador alemán agregaba que, aún cuando esto no disminuía la magnitud del genocidio, quienes han formulado esta clase de argumentos había afrontado la descalificación pública e, incluso, procesos judiciales. Para Nolte la verdad histórica debía comprobarse en el marco de los criterios de la disciplina, y no en los estrados judiciales o en los medios de comunicación. Furet, a su turno, respondía que si bien no se oponía por principio a esa revisión –característica, por otra parte, de la tarea del historiador-, tenía, en cambio, sus dudas sobre la conveniencia social de revisar esas cifras, ya que un análisis más racional -e históricamente más exacto- del nazismo conllevaría el riesgo de poner en cuestión no sólo el número de víctimas, sino la naturaleza misma del genocidio, ya que, en afán totalizador de la vida social, los autoritarismos construyeron ilusiones irracionales que instalaron como representaciones sociales,  a partir de datos concretos de la realidad. De este modo, el temor o el odio ancestral al judío en Occidente –propiciado por el cristianismo medieval, por ejemplo- se convirtió en una exigencia programática de su exterminio por parte del nazismo, respaldada –o, al menos aceptada-  por una de las sociedades más cultas de Europa. ¿Sería posible precisar con mayor detalle el número de víctimas –se pregunta Furet- (un tributo a la verdad histórica), sin poner en cuestión la naturaleza del nazismo y la monstruosidad del genocidio? ¿En qué modificaría la magnitud y la conceptualización del fenómeno analizado que, en lugar de 8 millones, las víctimas hayan sido “sólo” 3 millones?  El riesgo que se corre es demasiado grave, sobre todo cuando se aspira a que fenómenos de esas características e implicancias no vuelvan a reproducirse.

 El debate argentino

Volviendo al caso del debate actual en nuestro país, sus términos son bastante similares. En medio de las críticas y exigencias de desplazamiento de Lopérfido de la función pública por parte de asociaciones de  DDHH, y referentes sociales y políticos, se diferenció la voz de Graciela Fernández Meijide, tradicional luchadora de los DDHH, quien fuera miembro de la CONADEP, quien concedió que esa comisión, en su momento, comprobó y publicó 7954 casos. “Los exiliados en España –sostenía- habían formado la Comisión Argentina de Derechos Humanos. Entonces, no existía la figura de desaparición forzada. Eduardo Luis Duhalde me contó allí que pusieron ese número para poder apelar a la figura de genocidio y denunciar lo que estaba pasando. ¿Dónde están los nombres de esos veinte mil más?-agregaba- ¿Dónde sus familias y las denuncias? Colocan las placas vacías porque no pueden poner un nombre.” Esta intervención entorpeció aún más la discusión, y luego de varias críticas Fernández Meijide tuvo que salir a despegarse de Lopérfido, argumentando que “No se puede hablar con tanta ligereza de la tragedia que nos ocurrió”

Tanto las declaraciones de Lopérfido como las de Fernández Meijide, resultaron cuanto menos inoportunas, e hicieron un flaco favor al proceso de consolidación de la democracia argentina. En términos de Furet, la puesta en cuestión de las cifras constituye una invitación a tratar de “comprender” –y, de algún modo, “justificar”- al Terrorismo de Estado, concediéndole el beneficio de la duda. Además, en nuestro país se suman dos elementos adicionales que reafirman la inconveniencia actual de instalar un debate de semejantes características. El primero de ellos consiste en que, en el caso argentino,  el Terrorismo de Estado no reviste aún el carácter de “cosa juzgada”, ya que existen aún numerosos juicios en trámite, e incluso ha quedado pendiente el tema de la responsabilidad –y, eventualmente, la complicidad- del empresariado con la Dictadura Cívico-Militar. A esto se suma la exigencia de amnistía y el perdón para los victimarios, e incluso la reivindicación de un concepto que ya creíamos archivado, como el de “guerra sucia”,  por parte de la prensa oligárquica y de las autoridades nacionales actuales.

El segundo elemento de juicio invita a considerar que, si bien fueron 7954 los casos efectivamente registrados por la CONADEP, esto no significa que se hayan denunciado TODAS las desapariciones, habida cuenta de los riesgos que entrañaban tales denuncias, la existencia de cierta complicidad social –o, al menos, el deseo manifiesto de buena parte de la sociedad de no querer enterarse de lo que sucedía- y los propios mecanismos utilizados por la Dictadura, que, en lugar de someter a las víctimas a procesos legales justos y transparentes, decidió invisibilizar a las víctimas y a sus propios delitos de lesa humanidad. ¿Cuál sería el porcentaje de los casos denunciados? ¿Cómo constituir un indicador confiable? La gravedad de la cuestión no permite su tratamiento con tanta liviandad, y mucho menos por parte de las autoridades públicas.

Si bien no faltará quien sostenga que la verdad histórica debe privilegiarse a rajatabla, por encima, incluso, de su conveniencia para la consolidación de la democracia. Pese a que en este caso no se compromete ninguna verdad histórica, ya que el cálculo definitivo, a partir de los elementos de juicio disponibles, continuará abierto al disenso, admitiré este argumento como perfectamente legítimo, en la medida en que su negación –a pesar de mi desacuerdo- me colocaría en el terreno opuesto al del pluralismo y la diversidad de ideas, que tantos y tan variados actores continúan poniendo en riesgo a cada paso, apelando –vaya la paradoja- a relatos de pura cepa republicana.

[i] Compilado en: Furet, Francoise, Nolte, Ernst: Fascismo y comunismo, FCE, Buenos Aires, 1998.

Alberto Lettieri
Acerca de Alberto Lettieri 5 Articles
Es Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires e Investigador Independiente del Conicet, en el IELAC/FCS /UBA.Ha sido Director Académico del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, 2012-1015. Director de las Diplomaturas Historia Argentina. Inst. Dorrego-Museo de los Trabajadores Eva Perón, La Plata, 2015 y Historia Argentina en Latinoamérica, Instituto Dorrego-Ministerio de Gobierno de la Provincia de Mendoza, 2013-2014. Co-Director: Especialización en Historia Política Argentina, UCES, 2014-1015. Director: Especialización en Historia Argentina y Latinoamericana, FFyL/UBA, 2006 y Director: Área Problemática del Mundo Actual, UAI, 2005-2008. Es Profesor titular regular UBA de las materias: Historia de los Sistemas Polìticos y Historia Argentina II Facultad de Filosofía y Letras y de Historia Social General/Facultad de Ciencias Sociales, y Profesor Titular: Historia del Derecho, Universidad de Palermo Ha dictado mas de una veintena de cursos de doctorado y posgrado en diversas instituciones del paìs y de América Latina. Ha publicado editoriales en Miradas al Sur, Tiempo Argentino, Ñ, Pàgina 12, Veintitrés, La Gazeta de Tucumán, El Dìa de Mendoza, Infobaires 24 y actualmente en CadenaBA, y en diversos medios del paìs y del exterior. Ha conducido el programa Claves Para Construir la Otra Historia entre 2013 y 2015 por AM 740, y ha sido columnista de numerosos programas de Radio y Cable. Principales Libros Publicados: - La batalla cultural y la mirada de la historia, Ross, Rosario, 2014. - La historia argentina en clave nacional, federalista y popular, Norma/Kapelusz, Buenos Aires, 2013. - Problemática del mundo actual. Globalización y capitalismo, Universidad Abierta Interamericana, Buenos Aires, 2007. - Seis lecciones de política, Prometeo, Buenos Aires, 2da. Edición ampliada, 2007. - La construcción de la República de la Opinión. Buenos Aires en la década de 1850, Prometeo, Buenos Aires, 2006. - Discutir el presente, imaginar el futuro. La problemática del mundo actual, Edición ampliada, Prometeo, Buenos Aires, 2006, Director. - Industrialización y desarrollo.un acercamiento a los procesos económicos contemporáneos, Biblos, 2004, ISBN: 950-786-411-3, 220 pgs., Coautor. . - La civilización en debate. Historia contemporánea de las revoluciones burguesas al neoliberalismo, Eudeba, Buenos Aires, 2003. - La vida política. Armas, votos y voces en la Argentina del siglo XIX, F.C.E., Buenos Aires, Buenos Aires, 2003. (coordinador, con Hilda Sabato) - Política y sociedad: pensamiento clásic,o Ediciones del Signo, Buenos Aires, 2002. - Los tiempos modernos, Ediciones del Signo, Buenos Aires, 2001, (autor principal). - La República de las Instituciones. Proyecto, desarrollo y crisis del régimen político liberal en la Argentina en tiempos de la organización nacional, El Quijote, Buenos Aires, 2000. - La República de la Opinión. Política y opinión pública en Buenos Aires entre 1852 y 1862, Biblos, Buenos Aires, 1999. - Historia contemporánea. De la revolución inglesa a la actualidad, EUDEBA, Buenos Aires, 1999, (co-autor). - Vicente Fidel López. La construcción histórico-política de un liberalismo conservador, “Estudio preliminar” y selección de fuentes, Biblos-Cuadernos Simón Rodríguez, 1995.

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