La Revolución de 1905

rojo-eLuego del ataque a mansalva a las oficinas de la estación y sus alrededores, la soldadesca se dedicó al pillaje del comercio del lugar y algunas viviendas. Cuenta Luis Catuogno que “ Heredia marchó a parlamentar con Zeballos, ofreciéndoles la rendición de los amotinados. Al preguntarle por los jefes, manifestó (Heredia) que el jefe era él pues de los demás ya habían dado cuenta sus soldados.

El aspecto que presentaba la estación era horroroso…los cadáveres de los ciudadanos estaban dispersos pero en sitios próximos al andén. En éste y sobre la vía veíanse dos grandes charcos de sangre. Las paredes de la estación, hacia la parte donde se encontraba la junta, fueron acribilladas de balas de Mauser a la altura de un hombre”.

Muchos revolucionarios huyeron a través de los sembrados, otros fueron perseguidos y muertos al ser alcanzados, unos cuantos huyeron hacia Pehuajó. Villamayor y el trompa de órdenes que lo acompañaba,  se entregaron a la Policía de Veintinco de Mayo. Pocos sobrevivientes –  montados de a dos, llegaron hasta el paraje Miramar ( partido de Bolívar) y fueron ayudados a ocultarse y luego a escapar, por vecinos del lugar, algunos de cuyos descendientes – ya septuagenarios – se vanaglorian de ser radicales “desde la Revolución de 5”.

Según D. Jacinto Manieri, “la nómina de los muertos es la siguiente  Subteniente Hipólito Veniard, teniente Alejandro Montero, Teniente  Jose M. Bello  y civiles : German Kuhur ( fotógrafo fundador de la Sociedad Argentina de aficionados y agrimensor que diseñó la ciudad de Lomas de Zamora) , Cornelio Baca ( primo del anterior)  Inocencio Arroyo, Agustín BacaAlejandro Moreno ( estanciero de la zona bahiense) , Agustín  Rocca, Esteban Tullo ( capataz de la cuadrilla del ferrocarril  de Daireaux que iba en el tren con los revolucionarios) Martín Mortezareno,  y los soldados Carabajal y Miguel Marticoni”. Otros muertos anónimos, en total de ocho, descansan en una tumba en el cementerio local.

La masacre y persecución que siguió a este hecho, se extendió por varios kilómetros y sus víctimas, constituyeron el bautismo de fuego del Hospital de Bolívar, que aún no había sido inaugurado : heridos de todo tipo se agolpaban en los pasillos recién construídos mientras las hermanas de caridad y enfermeros, trataban de aliviar las heridas. Otros, que tuvieron menos suerte, quedaron tirados en los patios de la Municipalidad de Bolívar  hasta que murieron y, para escarmiento – por orden de algún jefe policial cuyo nombre no registra la historia – quedaron hasta que comenzaron a hincharse con el calor.

Entre los que  se salvaron figuraba el Dr. Valentín Vergara (quien luego fuera gobernador de la Provincia de Buenos Aires) que logró salvarse escondiéndose debajo del cadáver de German Kuhur, el capitán Arazandi , el capitán Alberto Uthinger y el subteniente Aníbal Montes de Oca ( malherido),  quienes huyeron a caballo a poco de iniciarse el tiroteo.

El 8 de febrero de 1905, el gobierno controló la situación en todo el país. Los principales cabecillas de la revolución fueron a dar con sus huesos al barco Santa Cruz, mientras que los militares detenidos fueron procesados rápidamente, condenados y remitidos a Usuahia en el buque “Patria”.

La revista “Caras y Caretas” del 18 de febrero comentaba” no quedan sino los procesos militares y civiles y el eco de una convulsión…Pero todo esto no es sino una burbuja en el inmenso mar de la historia argentina, en la historia de este pueblo que vive a saltos y donde un suceso borra la memoria de otro…” [1]

En el juzgamiento de los hechos de Pirovano intervino el Consejo de Guerra de Capital Federal, con jurisdicción en la 1º, 2º y 3º Región Militar (Bahía Blanca, Capital Federal y Campo de Mayo respectivamente) presidido por el general de Brigada Alejandro Montes de Oca. Este Consejo citó y emplazó el 22 de febrero de 1905 a 30 oficiales (entre los cuales se encontraban el capitán Alberto Arazandi y el subteniente Aníbal Montes de Oca) para que se presentaran a responder en la causa que se les seguía por abandono de destino. Ninguno de estos oficiales se presentaron por lo que, mediante el Boletín Militar fueron dados de baja y declarados rebeldes de acuerdo a los artículos 175 inc. 1º y 177 del Código de Justicia Militar.

El Consejo  mientras tanto, trabajó rápidamente con los oficiales que habían sido detenidos y el 22 de febrero había decretado bajas y destituciones

De los 36  oficiales sometidos a causa militar, solo 5 sufrieron condena de prisión, de ellos, 4 pertenecían a la 1º Región Militar de Bahía Blanca y de allí, 3 estuvieron en la trágica jornada de Pirovano:

 

El mayor Aníbal Villamayor del reg. de Infantería 6 fue condenado por el delito de rebelión, con agravantes, a la pena de 8 años de presidio y destitución. El teniente Eduardo Gibelli ( Regimiento 6) fue condenado a 5 años de prisión El subteniente Horacio Guillermon ( regimiento 6)  fue condenado a  3 años de prisión .

Del capitán Alberto Arazandi (Reg. de Infantería 6) y subteniente Montes de Oca  no se conoce que se les haya dado la baja o sufrido condena, presumiblemente “ ayudados” por un tío del segundo de ellos ( el Dr. Manuel Montes de Oca), que poco tiempo después fue nombrado Ministro del Interior.

 

[1] “Todo es historia” nº 214 “ a 80 años de la revolución radical de 1905” Gabriela Beamonde.

Julio Ruiz
Acerca de Julio Ruiz 32 Articles
Profesor de Historia. Colegio Cervantes de Bolívar, Argentina. Ex Intendente de la Ciudad de Bolívar en la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Abogado. Obras Históricas entre otras: Blandengues, "La Odisea", "Historias que hicieron cuentos", "Paginas de una historia olvidada", ect Todo se resume en "la historia, un cuento y un libro"

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