Fortalezas y debilidades en el aprendizaje de la lengua inglesa

1En el año 1983, aparece el término “inteligencias múltiples”, formulado por el psicólogo estadounidense Howard Gardner. Su teoría se basa en la idea de que no existe una única inteligencia ya que no es algo homogéneo y, por tanto, no existen personas inteligentes y personas no inteligentes, sino personas con inteligencias diferentes.

Con frecuencia nos hemos encontrado ubicados en escalas de mayor a menor capacidad intelectual por medio de tests (muy populares son los que miden el CI, por ejemplo) y, lógicamente, las calificaciones de las materias escolares. El problema con estas escalas es que están socialmente sobrevaloradas, pero la realidad es que solo reflejan un aspecto determinado de nuestra capacidad mental y, por tal motivo, son insuficientes para expresar las debilidades y fortalezas en el aprendizaje.

Esto se puede observar con claridad cuando un mismo alumno obtiene una nota muy baja en una materia y una muy alta en otra. Dada esa situación, ¿podemos decir que ese alumno es bueno o malo, que es inteligente o que no lo es? Definitivamente no, porque, de alguna manera, nos estaríamos contradiciendo.

Esta noción de inteligencias diferentes no se relaciona únicamente con actividades de naturalezas distintas (como, por ejemplo, aprender una nueva lengua y practicar un deporte), sino también con actividades que nacen aparejadas, como hablar, leer y escribir.

En el aprendizaje del inglés (y de cualquier otro idioma), nos encontramos con varios niveles o aspectos simultáneos del lenguaje que hacen al todo de la lengua: el fonológico, el fonético, el morfológico, el sintáctico, el léxico y el semántico.

Los dos primeros se relacionan con la percepción y la producción de los sonidos; los otros dos, con la construcción de palabras y oraciones; y los últimos, con las formas de las palabras y sus respectivos significados. Podemos aplicar también aquí la teoría de Gardner, en un grado mucho más específico que el que suponemos en una primera instancia. Así como sabemos que hay alumnos que tienen más afinidad y facilidad con algunos campos de la realidad, llámense ciencias o materias, también hay alumnos que tienen más afinidad y facilidad con algunos “subcampos”, que en este caso específico serían los niveles o aspectos del lenguaje previamente mencionados, una suerte de “inglés dentro del inglés”.

Dicho de otra manera, habrá alumnos que se destacarán en la asimilación y reproducción de sonidos, logrando una muy buena pronunciación; otros resolverán con gran rapidez cómo armar una oración: sabrán dónde ubicar los componentes léxicos y gramaticales sin mayores inconvenientes; y otros recordarán fácilmente los significados y tendrán en su mente un extenso lexicón (una especie de “diccionario interno”) que les será de gran utilidad para comprender e interpretar textos. Así, una vez más, cada alumno se reafirma como individuo: la visión de la clase como un todo homogéneo queda sin efecto y se consolida la noción de que es siempre una suma de partes únicas e irrepetibles, como un rompecabezas en el que ninguna pieza es igual a otra.

Por lo tanto, aparece de nuevo esta cuestión: sabemos que por cada alumno que hay, también existe una manera más adecuada que otra para abordar la materia, una manera que se adapta mejor a cada uno de ellos y que le permite aprovechar al máximo su potencial. También sabemos que es físicamente imposible transformar una clase grupal en veinticinco o treinta clases personalizadas para favorecer esa situación. Entonces, ¿cómo se podría llegar a un punto medio en el que tanto el docente como el alumnado sean beneficiados, en el que puedan combinarse la insuficiencia de tiempo, el gran número de alumnos y la puesta en marcha de un método de enseñanza más atento a las necesidades individuales?kinder-ingles

Cómo lograr tal cosa continúa siendo el objeto de muchos estudios, y encontrar la respuesta no es algo sencillo, empezando por el hecho de que existe un sinfín de perspectivas que han ido variando con el tiempo y los cambios sociales. Sin embargo, podemos acercarnos un poco más a ese punto ideal ampliando los aspectos a evaluar: si pensamos en la manera más común de tomar un examen de inglés en la escuela, lo primero que nos viene a la mente es una prueba escrita en la que el alumno tiene que leer un pequeño texto en inglés, hacer preguntas, dar respuestas y realizar unos pocos ejercicios de vocabulario.

Muy pocas veces se evalúa la capacidad de asimilar sonidos por medio de lo que se llama listening (escucha y comprensión de discursos orales realizados por hablantes nativos), no se tiene en cuenta la calidad de la pronunciación y tampoco se realizan role-plays (o juegos de roles) improvisados para saber si el alumno utiliza y recicla de manera correcta los conocimientos que posee. En síntesis, se suele descuidar la oralidad (el nivel fonético-fonológico y el uso de las palabras y las estructuras gramaticales en contextos orales), y es tan importante darse a entender cuando hablamos como cuando escribimos.

Como resultado, los alumnos cuyas fortalezas estén relacionadas con la producción oral del lenguaje se encuentran en desventaja con aquellos que sobresalgan en la producción escrita, porque –como bien dijimos– la que suele evaluarse es esta última. Entonces: es necesario que se les dedique el mismo tiempo de clase a cada uno de los aspectos del lenguaje y que se evalúen y califiquen todos ellos de igual manera, principalmente por dos razones: la primera, porque si un alumno no sabe cuáles son sus fortalezas, es importante que las descubra; y la segunda, porque, si su fuerte es la producción oral, debe tener las mismas oportunidades que quienes encuentran su fuerte en la escritura.

 

Fuentes:

http://www.inteligenciasmultiples.net

Ana Cermelo
Acerca de Ana Cermelo 7 Articles
24 años. Estudiante de Traductorado de Inglés-Español en la UNLP. Profesora suplente de Inglés en Colegio Sagrado Corazón.
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