El despertar de África

MAPA1En África se crearon numerosos países fruto del colonialismo. La cohesión social y la conciencia de “nación” era realmente débil. Prueba de ello fueron las palabras emitidas por el primer gobernante de Nigeria, Obafemi Awolowo: “Nigeria no es una nación, es una mera expresión geográfica”. El movimiento cultural del Romanticismo y su radical historicismo tienen cierto sentido a la hora de expresar que una nación se forma, entre otras cosas, gracias a su historia. Lo cierto es que, fruto del reparto de tierras africanas en Europa de los países coloniales, se crearon nuevos países, con fronteras en muchos casos rectilíneas, fruto del reparto. No es de extrañar que la conciencia de “unidad” de los habitantes de estas tierras fuera prácticamente nula. Otro factor que dificultaba aun más la formación de un Estado moderno fueron las previas formas institucionales. Tribus, clanes, unidades locales de diversas formas, con unas costumbres muy arraigadas y arcaicas, muy alejado del Estado-Nación parlamentario y constitucional.

Los nuevos líderes africanos basaban su discurso en la “recuperación del continente”, de la búsqueda de la libertad, del respeto… Uno de los primeros líderes africanos que aludiría a estos términos sería el gobernador de Ghana, Nkrumah.  No obstante, la idea de volver a las raíces iniciales, anteriores a la colonización, también estuvo presente; Julius Nyerere, presidente de Tanzania aludiría a ellas, aunque quizás imbuida, de alguna manera, del socialismo, ya que buscaba que “la riqueza perteneciese a todos” o la eliminación de toda explotación humana. En palabras textuales diría: “Nadie usara la riqueza para dominar a otros; Así es como queremos vivir como nación. Queremos que la nación entera viva como una sola familia”. La cristiandad también tenía una fuerte presencia dentro de muchos dirigentes; Así, el gobernante de Zambia, Kaunda, buscaba la “fusión” entre las costumbres africanas y la religión cristiana. La dignificación de las culturas africanas nacería a mediados del siglo XX en África, Léopold Sédar, presidente de Senegal, sería el ideólogo de la “negritud” y veía en la dignificación de las tradiciones culturales africanas la forma de liberar la sociedad y el país del yugo colonial.

Este proceso iría generando lo que hoy día conocemos como panafricanismo, una exaltación de la personalidad propia africana. Esta nueva ideología se plasmaría en un alejamiento paulatino de la etnicidad a favor del hecho de ser “africano”. La búsqueda de la independencia económica de los países coloniales fomentaría esta nueva ideología nacionalista común. Por otro lado, el miedo a un nuevo colonialismo y la vuelta al estado anterior ayudó considerablemente a cohesionar este pensamiento.

El verdadero reto era crear una nación unitaria dentro de un espacio geográfico heterogéneo, multiétnico, con gran diversidad de costumbres y tradiciones. Al contrario de la opinión pública, no hubo demasiada violencia en los diferentes procesos de independencia de los países coloniales. El verdadero problema era la construcción del nuevo Estado. La heterogeneidad de los espacios geográficos obligaba a la presencia de un líder autoritario, de lo contrario el Estado se hubiera diluido en diferentes entidades políticas soberanas. Partido único como forma de gobierno apoyado en el ejército, esencial para la conservación y sometimiento de la unidad nacional. Es por esto que la intervención europea en África supuso la imposición de nuevos estados que se verían transformados en regímenes autoritarios que ejercerán la violencia excusándola en la preservación de la unidad nacional.

Sudáfrica contaba con 11,000,000 de habitantes, de los cuales 2,500,000 eran blancos y 8,000,000 negros (los restantes eran considerados de “color”). La presencia minoritaria de blancos terminaría por generar un sentimiento nacionalista, que alcanzaría el poder tomando forma de partido político (Partido Nacional) en 1948, a manos de Daniel F. Malan. La victoria de este partido crearía un régimen de apartheid, que venía a significar un desarrollo separado de las razas. Esta segregación estaba jerarquizada, basada en la supremacía de la raza blanca. Se prohibirían matrimonios mixtos, se discriminaría a los negros en el ámbito laboral, se negarían sus derechos políticos, terminando por concentrar a toda esta población en determinadas zonas apartadas, semiautónomas… La represión policial no se haría esperar, en Sharpeville, en 1960, estallaría una revuelta en contra de este sistema de apartheid que se saldaría con 67 manifestantes muertos; En 1976, otra revuelta en Soweto se saldaría con 176 muertos. Otros dos hechos terminarían por conmocionar la opinión pública internacional: El asesinato del líder negro Steve Biko, en 1977, y la encarcelación de Nelson Mandela, uno de los líderes del ilegalizado Congreso Nacional Africano.

La resistencia guerrillera vendría a manos de la negativa de Portugal a otorgar la independencia a Angola, Guinea Bissau y Mozambique. Textualmente las definió como “provincias de ultramar”. El país europeo enviaría tropas (casi 200,000 efectivos) para intentar sofocar los grupos guerrilleros. Las repercusiones internacionales no se harían esperar; Cuba intervendría militarmente en Angola. Por otro lado, en Ghana el régimen nacionalista derivó en una dictadura personalista que hundió en una crisis económica al país. En 1966, Nkrumah sería derribado por un golpe militar. Muchas de las dictaduras se aproximaron a la Unión Soviética, como la República de Guinea, a manos de Sekou Touré. En Nigeria se producirían dos golpes militares. Lo cierto es que este país comprendía culturas heterogéneas que acrecentó las tensiones internas. Con la creación de Uganda se perdieron todas las autonomías existentes. Se estableció una dictadura que exaltaba la unidad del país. En Zambia ocurrió algo similar, suspendieron la Constitución vigente, que daba pie al multiculturalismo estableciendo un régimen unitario.

La realidad de África se tornó violenta con la idea de un Estado unitario. Las dictaduras personalistas y la inestabilidad política, fruto de la gran heterogeneidad del territorio y la falta de una conciencia histórica común, bañaron todo el continente. La resistencia colonial de los países europeos fue un factor determinante, cuanto menos, en la iniciación de las hostilidades. La presencia militar con pretensiones dominantes por parte de Portugal, así como la intervención de la Cuba comunista son un fiel reflejo de la repercusión internacional. Por otro lado, el carácter multicultural africano y su organización clánico/tribal, en su gran mayoría, unido a las pretensiones unitarias de los dictadores emergentes generó grandes enfrentamientos internos que paulatinamente se irían violentando.

 

Bibliografía:

–       Sartre, J. “Colonialismo y neocolonialismo”.

–       Davidson, B. “Africa in History”.

–       Fage, D; Oliver, R. “A Short History of Africa”.

–       Fusi, J. “La Patria Lejana. El nacionalismo en el siglo XX”.

Javier de Benito
Acerca de Javier de Benito 14 Articles
Estudiante de Historia de la Universidad Autónoma de Madrid. Director de intrahistoria.com. Títulaciones en nacionalismo catalán y judaísmo por la Universidad Complutense de Madrid; Mención de honor en Nación y nacionalismos de la Europa contemporánea.
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